CINE Y LITERATURA
Vanesa
Bocanegra
El cine muchas veces recurre a la literatura en busca de
ideas o simplemente para aprovechar el éxito que haya podido tener previamente
un best-seller. De hecho, existen guionistas o escritores de tratamientos
cinematográficos especializados en la adaptación a la gran pantalla de
argumentos literarios de éxito, e incluso escritores que desarrollan sus
novelas a partir de un esquema que facilite la posterior aparición de su
trabajo en imágenes. Si clasificáramos las películas que cada semana llegan a
las carteleras internacionales en adaptaciones y guiones originales,
comprobaríamos que más de la mitad de los estrenos están basados -en mayor o
menor medida- en obras literarias. Y, en este sentido, el género fantástico
abrió la veda, como comprobaremos más adelante, convirtiéndose en uno de los
más deudores. Así, relatos y novelas de autores de literatura de terror,
ciencia ficción y fantasía de todos los tiempos han sido desde la aparición del
cinematógrafo muy recurrentes para la industria del Séptimo Arte.
En el reto de adaptar un texto literario surgen varios factores a considerar y
que, como espectadores, hemos de valorar a la hora de poner en tela de juicio
uno de estos productos. De modo general tenemos que tener en cuenta que, dada
nuestra cultura audiovisual, a medida que avanzamos en la lectura de una obra
no sólo damos rostro y cuerpo a los personajes y criaturas que se describen
sino que asignamos un encuadre o un movimiento de cámara bien definido, con
equivalencias al lenguaje cinematográfico. Cada individuo construye así una
visualización mental que no se repite dos veces, de modo que, visto desde este
punto parece normal que las adaptaciones nunca agraden al lector original. Los
condicionantes de los que hablamos son:
1. El enfoque. Como negocio, los productos
cinematográficos, se configuran con el fin de conseguir el mayor visionado del
film posible, sin embargo siempre han de concentrarse en un público objetivo
definido. Desde esta perspectiva, puede que los guionistas deban modificar la
estructura o los personajes para hacer diana en los objetivos marcados, o bien
el argumento y sus integrantes permanecerán rigurosamente fieles a los
indicados en el texto entrando incluso en aquellos pequeños detalles que los
aficionados esperan ver. En los casos más extremos, puede que sea únicamente el
sentido general de la obra el que prevalezca para construir una historia
completamente nueva.
2. El presupuesto. El dinero asignado a la
producción es determinante para recrear el universo descrito en palabras. La
suma necesaria para comenzar un rodaje hace que factores como el tiempo del
metraje, la dirección artística (decorados, efectos, vestuarios o maquillajes),
el número de personajes o extras que aparezcan en pantalla, etcétera, se vean
afectados para que el producto pueda finalizarse con una rentabilidad
aceptable. Tanto prescindir de ciertos pasajes como que éstos parezcan
cinematográficamente mal acabados defraudarán por igual al espectador. ¿Qué
camino se ha de escoger?
3. El formato. Cimentado el formato
televisivo como alternativa a las salas de proyección la decisión de realizar
productos únicamente para el consumo doméstico es cada vez más valorada. De
este modo, segmentar un discurso en capítulos o asignarle más tiempo que en el
cine (con la correspondiente pausa de la publicidad) es una práctica común en
la actualidad. En ocasiones podremos elegir entre los diferentes enfoques de
una obra realizadas para el cine y para
la televisión. Por otra parte, los presupuestos asignados para la pantalla
grande suelen ser más generosos, con los imaginables cambios que supone esta
decisión.
4. El espacio-tiempo
de la obra original ha de adecuarse a la duración del metraje del film y de
este mismo modo se han de elegir las secuencias esenciales para que la historia
avance claramente. En ocasiones existen pasajes que enriquecen la obra
literaria como historias paralelas o larguísimas descripciones que dan entidad
al universo literario y que sin embargo al traducirse a imágenes ocupan un
metraje tan amplio que impiden la comprensión clara de los objetivos marcados.
5. Elementos originales. Indudablemente el film ha de introducir valores propios de su lenguaje para que la obra tenga valor por sí sola. De hecho hasta la adaptación más fiel contendrá elementos que son únicos del lenguaje del lenguaje cinematográfico como la banda sonora, la elección del número de planos, movimientos de cámara, etcétera. La pregunta que debemos hacernos es ¿definen estos nuevos elementos la calidad de la adaptación?
Un apunte necesario consiste en valorar cómo realizar una traducción literal
entre los lenguajes literarios y cinematográficos. Obviando el guión de cine
como formato intermedio, de modo que cualquier obra pueda pasar directamente del
papel a la pantalla: los verbos se traducen en acciones físicas, las
descripciones se distribuyen entre los diferentes tipos de planos y movimientos
de cámara, mientras que los diálogos
serán el único elemento que permanecerá intacto. Llegados a este punto y
teniendo en cuenta los valores expuestos anteriormente: ¿es rentable adaptar un
texto o es mejor comenzar una historia desde cero?
De otro lado, sucede frecuentemente que el proceso literario se invierte dado que son muchas las obras que adaptan guiones originales convirtiéndose así en parte del merchandising que acompaña a la promoción de una película de éxito. En la misma línea son muchos los aficionados que compran la obra original una vez han visto el film adaptado.
2. CONCEPTO BÁSICO DE ADAPTACIÓN
El Diccionario de la Real Academia Española define adaptar como modificar una obra científica, literaria, musical, etc., para que pueda
difundirse entre público distinto de aquel al cual iba destinada o darle una
forma diferente de la original; si bien no pone límites a la fidelidad que debe
guardar la versión con el producto original. Como decíamos, en su
afán por contar historias, el cineasta acude a obras literarias con distintos
objetivos, desde utilizarlas como punto de partida para crear su propia
película hasta filmar estrictamente todos los pasajes escritos.
Por otra parte, a la hora de
afrontar una adaptación al cine, encontramos diversos problemas, como el
presupuesto y recursos necesarios para transformar un texto en imágenes, la
imaginación de los cineastas, las expectativas de los lectores y,
principalmente, las diferencias entre ambas formas de comunicación. Además,
mantenerse fiel al desarrollo de un argumento literario por lo general supera
con creces el metraje de una película comercial, motivo por el cual muchas
veces las adaptaciones han acabado convertidas en series de televisión, como el
caso de la novela It, de Stephen King, o trilogías cinematográficas,
como la de Peter Jackson sobre El señor de los anillos de J. R. R.
Tolkien. Por todo ello, los cineastas se ven obligados a utilizar en sus
adaptaciones recursos como la voz en off
o planos descriptivos de paisajes o situaciones, así como la adaptación de los
diálogos al lenguaje del cine.
En
definitiva, no se trata de hacer un simple resumen de la obra literaria para
transformarla en imágenes, sino que el guionista se enfrentará a un trabajo
arduo de selección de escenas y ordenación de las mismas (muchas veces
alteradas), eliminación –e incluso creación- de personajes, etcétera, para
conseguir un producto final que se corresponda con los objetivos de la
producción.
3.ORÍGENES
Los inicios del cine están estrechamente ligados al de las adaptaciones
cinematográficas de corte fantástico. En la época del cine mudo fueron varios los
autores a fin de adaptar los textos desarrollaron trucajes de cámara con los
que dar vida a la historia.
El
francés Georges Méliès no sólo fue pionero en el desarrollo del espectáculo
cinematográfico de entretenimiento, sino también en emplear la literatura como
base para el recurso argumental, sobre todo historias de autores como Julio
Verne y H. G. Wells, ambos fundamentales en el género fantástico, como se puede
comprobar en ‘Viaje a la luna’. Esta película de 14 minutos, producida en el
año 1902, narra la historia de un grupo de científicos que organizan una
expedición al satélite a bordo de una cápsula impulsada por un cañón. La
productora Star films del antiguo prestidigitador también utilizó las ‘20.000
leguas de viaje submarino’ de Verne para un cortometraje estrenado en 1907. Ese
mismo año el español Segundo de Chomón, cuyos méritos en los trucajes
cinematográficos son tan importantes como los de Méliès, daba forma fílmica a
‘Viaje al centro de la Tierra’ para la importante productora francesa Pathé.
Tres años más tarde, el estadounidense J. Searle Dawley firmaba la primera adaptación al
cine de la novela de Mary Shelley ‘Frankenstein o el moderno Prometeo’.
Producida por Thomas Edison, en su promoción se advertía al publico de que “se
había intentado eliminar con cuidado todas las situaciones realmente repulsivas
y concentrarse sobre los problemas místicos y psicológicos que se hallan en
este asombroso relato”.
Por su
parte, en 1922, F. W. Murnau dirigió ‘Nosferatu’, primer acercamiento al mito
de ‘Drácula’, a partir del texto publicado en el año 1897 por Bram Stoker. El
icono del vampiro que nos ofreció este film alemán, de 84 minutos de duración,
ha llegado intacto hasta nuestros días en los que el personaje creado por
Stoker ha conocido las más diversas encarnaciones en la pantalla, en ocasiones
más inspiradas de Murnau más que en el ser descrito en la obra original. Con la
edición de esta obra encontramos uno de los primeros casos de contenciosos por
apropiación indebida de los derechos de una obra literaria lo que casi acabó
con todas las copias existentes del film.
4. AUTORES MÁS ADAPTADOS
Literatura de terror
Autores clave en la literatura de terror de otros siglos, como Edgar Allan Poe o H. P. Lovecraft tienen en el cine un importante reflejo de su obra con innumerables adaptaciones de sus personajes e historias; mientras que otros, como Mary Shelley o Bram Stoker, han desencadenado mitos cinematográficos fundamentales: Frankenstein y Drácula, respectivamente.
Por otro lado, autores contemporáneos de la talla de Stephen King, Clive Barker o Anne Rice se han convertido en millonarios no sólo por las extraordinarias ventas de sus libros sino también por la cesión de sus derechos a la industria del cine.
Mary Wollstonecraft Shelley nació en Londres el 30 de agosto de 1797 y a la edad de 18 años escribió la historia de ‘Frankenstein’ con el objetivo de “provocar miedo al lector”, y no de originar una de las más terribles leyendas cinematográficas. Así, en 1910 J. Searle Dawley adaptaba por primera vez para el cine la novela de Shelley en un cortometraje de 16 minutos. Posteriormente, en 1931, se estrenaba la versión de James Whale del mismo clásico literario, con Boris Karloff en el papel del monstruo. Y desde entonces, se han sucedido innumerables proyectos para cine y televisión fieles al texto original, como ‘Mary Shelley’s Frankenstein’ (1994) de Kenneth Brannagh, o basados en sus personajes, ‘La novia de Frankenstein’ (1935) o ‘El hijo de Frankenstein’ (1939), de James Whale y Rowland V. Lee respectivamente.
Bram Stoker nació en Dublín en el año 1847 y a lo largo de su vida, que acabó en Londres en 1912, ejerció de crítico y director teatral, trabajo que compaginó con la escritura de obras fantástica. En mayo de 1897 Constable Press publicaba la primera edición de su novela más famosa, ‘Drácula’, texto que aún hoy sigue generando interés entre los lectores. La historia del temible vampiro de Transilvania ha inspirado a todo tipo de artistas, quienes han alimentado las pesadillas de los aficionados al género con multitud de novelas, cómics, videojuegos y por supuesto películas, basados en el conde Drácula o el mito de los vampiros de forma más general.
Corría el verano de 1921 cuando el realizador alemán F.W. Murnau comenzó el rodaje de ‘Nosferatu, eine symphonie des Grauens’, primera y última producción de La Prana Films. Sin contar con los derechos de autor de la obra de Bram Stoker, Murnau adaptó la novela original cambiando desde los nombres de los personajes hasta las localizaciones ideadas por el escritor irlandés. La osadía de la productora alemana desencadenó una demanda judicial que la viuda de Stoker y la British Incorporated Society of Authors (BISA) ganaron, logrando la destrucción de las copias que cayeron en sus manos ya que la compañía se declaró en quiebra.
El actor alemán Max Schreck fue caracterizado con un elaborado maquillaje para interpretar el papel protagonista del Conde Graf Orlok: cráneo rasurado, orejas puntiagudas, incisivos afilados y amenazantes, garras… Esta personal visión de Drácula fue retomada en el año 1979 por Werner Herzog para su remake titulado ‘Nosferatu, príncipe de la oscuridad’, así como por Tobe Hooper para la adaptación televisiva de la novela ‘El misterio de Salem’s Lot’, de Stephen King.
Posteriormente, y tras conocerse el éxito de crítica y público ante una versión de Drácula para Broadway protagonizada por Bela Lugosi, la Universal Pictures adquirió los derechos del texto literario y su adaptación teatral. De este modo, Tod Browning se hacía cargo de la primera versión “legal” de ‘Drácula’ para la gran pantalla, y ofrecía a Lon Chaney el papel principal. Sin embargo, la estrella del cine de terror de aquel entonces falleció antes de iniciar el rodaje, por lo que se contrató a Bela Lugosi, quien ya estaba familiarizado con el personaje. No obstante, cabe señalar que esta producción no se realizó a partir de la novela, sino directamente de la propuesta vista en los teatros. Y otra anécdota de interés es que durante el rodaje, se aprovechaban los decorados construidos para la película de Browning con el fin de crear una versión hispana de ‘Drácula’, que fue dirigida por George Melford y protagonizada por el actor español Carlos Villarías.
Como sucedió con ‘Frankenstein’, el personaje creado por Stoker inspiró (y sigue inspirando) infinidad de películas que se apartan del texto original pero se basan en su mitología. En este sentido, es fundamental destacar títulos como ‘La hija de Drácula’ (Lambert Hillyer, 1936), ‘El hijo de Drácula’ (Robert Siodmak , 1943) o ‘La mansión de Drácula’ (Erle C. Kenton, 1945), todos ellos aparecidos aprovechando el tirón comercial de su antecesora.
Ya en la década de los 50, cuando los derechos del personaje pasaron a ser de dominio público, el interés por el vampiro se difundió por todo el mundo.
En 1958 se estrenaron dos títulos importantes en la historia de Drácula en el cine. Por un lado ‘El regreso de Drácula’, dirigido por Francis Lederer, quien trasladó el texto de Stoker a California a mediados del siglo XX, entre otras aportaciones. De otro lado, la productora de serie B Hammer realizó ‘Drácula’, de Terence Fisher, también a partir de la obra teatral, con sus consecuentes diferencias con la novela original. Protagonizaron esta última, Christopher Lee en el papel del conde y Peter Cushing como Van Helsing.
Además, Fisher rodó dos años más tarde una secuela, ‘Las novias de Drácula’, y otra versión titulada ‘Drácula, príncipe de las tinieblas’, protagonizada por Christopher Lee y Barbara Shelley en el año 1965.
Posteriormente, Lee volvió a ponerse su memorable capa en títulos como ‘Drácula vuelve de la tumba’ (Freddie Francis, 1968), que logró un gran éxito en su momento, y ‘El poder de la sangre de Drácula’ (Peter Sasdy, 1969), aunque el papel del vampiro era cada vez más secundario. Ese mismo año, Christopher Lee viajó a España para protagonizar ‘El Conde Drácula’ (Jesús Franco, 1970), que a pesar de sus textos publicitarios no guardó fidelidad con la obra de original, incorporando novedades como la capacidad del conde rumano de rejuvenecer al ingerir sangre de sus víctimas.
Por su parte, Paul Naschy, mito viviente del cine de terror español, se transformó dos veces en el vampiro: para ‘La noche de Walpurgis’ (León Kimovsky, 1971) y ‘El gran amor del Conde Drácula’ (Javier Aguirre, 1972).
Y como curiosidad, cabe nombrar dos producciones que enfrentaron en la gran pantalla a los personajes creados por Bram Stoker y Mary Shelley: ‘Drácula versus Frankenstein’ (Al Adamson, 1971) y ‘Drácula contra Frankenstein’ (Jesús Franco, 1972).
Desde entonces hasta nuestros días se ha seguido utilizando al mito como motivo principal o más lejano de decenas de filmes entre los que destaca en gran medida la personal adaptación de Francis Ford Coppola del año 1992, titulada ‘Drácula de Bram Stoker’. El talento del director de ‘Apocalipse now’ (1979) y el alto presupuesto del proyecto fueron los responsables de una de las versiones más conseguidas de la novela, si bien encontramos diferencias con el texto original, como por ejemplo en el personaje de Mina, que en la película es el objetivo de Drácula al ser su amor reencarnado. Además, Coppola decidió rendir homenaje a la obra de Murnau y recuperó muchas de las particularidades de ‘Nosferatu’, como la forma de levantarse el vampiro del ataúd o la particular utilización de las sombras como elemento para infundir terror.
Por todo ello con ‘Drácula’ ocurre un caso curioso, pues sería extraño encontrar una persona que no tenga una idea preconcebida del vampiro antes de leer la novela de Bram Stoker, quien no nos dejó una descripción específica y clara de la criatura protagonista ni de los motivos para su comportamiento.
Edgar Allan Poe nació en 1809 y murió a los 40 años, tiempo más que suficiente para dejar un vasto legado de relatos y poemas que ha servido de inspiración a multitud de cineastas. Así, sus escritos forman parte de los créditos de más de un centenar de producciones. Ya en 1908 el cine mudo acudía a la historia de ‘Los crímenes de la calle Morgue’, para plantear la trama de ‘Sherlock Holmes in the great murder mystery’, curiosamente protagonizada por el famoso detective de Arthur Conan Doyle.
Poe fue precursor del relato policial y, por tanto, de la teoría analítica que posteriormente han utilizado infinidad de autores del género para narrar investigaciones criminales. Y precisamente el caso de la calle Morgue ha sido uno de los más recurrentes en la gran pantalla. Entre otras, cabe destacar la versión de la Universal del año 1932 dirigida por Robert Florey y con Bela Lugosi en el papel del Dr. Mirakle, personaje principal que demuestra un gran distanciamiento con la historia original. Por ello nos quedamos con la adaptación firmada por Roy Del Ruth en 1954, ‘Phantom of the rue Morgue’, con el “hombre de Harrelson” Steve Forrest como el detective Auguste Dupin.
‘El pozo y el péndulo’es otra de las narraciones que hemos podido ver en el cine tanto en blanco y negro como en color. Por supuesto, nos quedamos con la película que Roger Corman, el rey de la serie B estrenó en 1961. Con un reparto encabezado por Vincent Price, ‘El péndulo de la muerte’ forma parte de una serie de adaptaciones de las obras más populares de Poe que abarcan ‘La caída de la casa Usher’(1960); ‘El gato negro’, ‘Morella’ y ‘El caso del señor Valdemar’, dentro del filme de título genérico ‘Historias de terror’ (1962); ‘El cuervo’(1963); y ‘La máscara de la muerte roja’(1964) entre otras. Pero, en las últimas décadas, el Séptimo arte parece haberse olvidado de este recurso y salvo algunos telefilms y cortometrajes, como el de los españoles Tinieblas González y Karra Elejalde (‘The Raven… nevermore’, que logró una nominación a un Goya en 2001), poco más es digno de reseñar.
Howard Phillips Lovecraft llegó al mundo el 20 de agosto de 1890 en Providence (Rhode Island) y falleció el 15 de marzo de 1937 de cáncer intestinal y nefritis crónica. A los 12 años, escribió un poema dedicado al dios Pan, y tres años más tarde su primer cuento, ‘La bestia en la cueva’. Sin embargo, no fue hasta 1923 cuando fue publicado uno de sus relatos que le han catapultado a la fama como autor de literatura de terror. Hablamos de ‘Dagon’, publicado en Weird Tales. Su imaginación dio lugar a una de las mitologías más apasionantes de todos los tiempos. A partir de sus sueños –o más bien pesadillas- y del estudio de teorías racionalistas, escribió un extenso catálogo de relatos coherentes entre sí, todos ellos plagados de dioses y seres terribles, otras dimensiones, situaciones y lugares fantásticos, libros malditos, etcétera, pero siempre basados en esquemas realistas. Y no sólo eso, sino que dio origen al llamado ‘Círculo de Lovecraft’, un prolífico grupo de autores que enriquecieron los Mitos con sus “tormentas de ideas” y nuevas historias.
Todas sus creaciones han tenido una poderosa influencia en las más diversas ramas artísticas, desde la música, la pintura o el teatro, hasta propuestas más actuales como los videojuegos o los juegos de rol, y -cómo no- la gran pantalla, aunque en una de sus cartas declaró: “Jamás permitiré que nada con mi firma sea banalizado y vulgarizado hasta convertirlo en la clase de tontería infantil que se ofrece a los públicos de la radio o el cine con la etiqueta historias de terror”.
Sin embargo, desde que en el año 1963 Roger Corman utilizara el relato ‘El caso de Charles Dexter Ward’ para dar forma a su largometraje ‘El palacio de los espíritus’, más de 20 producciones han recurrido a su imaginería. Por lo general, se ha tratado de adaptaciones bastante pobres, si bien cabe destacar títulos como ‘Terror en Dunwich’ (Daniel Haller, 1970); ‘Re-animator’ (Stuart Gordon, 1985); ‘Necronomicón’ (1996), tres historias dirigidas por Christopher Gans, Shusuke Kaneko y Brian Yuzna enlazadas por la presentación del actor Jeffrey Combs caracterizado por el propio Lovecraft; y la española ‘Dagon: la secta del mar’ (Stuart Gordon, 2001).
Anne Rice nació en 1941 en Nueva Orleáns, ciudad que ha retratado en muchas de sus historias. En 1969 escribió las novelas cortas ‘Katherine y Jean’ y ‘Confesiones de un vampiro’. Esta última fue publicada en el año 1976, tras ser revisada por la autora, y en seguida la Paramount se interesó por los derechos para adaptar la historia al cine –pagó 150.000 dólares por un plazo de diez años-. Así, en 1994 Neil Jordan dirigía ‘Entrevista con el vampiro’, a partir de un guión de la propia escritora y con Tom Cruise, Brad Pitt, Christian Slater y una jovencísima Kirsten Dunst como protagonistas. También intervino el malagueño Antonio Banderas, aunque en un papel secundario. No obstante, la descripción de los personajes en la novela difiere enormemente de la que nos mostraron las imágenes.
‘Entrevista con el vampiro’ fue el inicio literario de la serie ‘Crónicas vampíricas’, que en el papel continuó con ‘Lestat, el vampiro’, ‘La Reina de los condenados’, ‘El ladrón de cuerpos’ y ‘La voz del diablo’. Del mismo modo, en 2002 Michael Rymer llevó al cine la segunda y tercera parte de las ‘Crónicas’ bajo el título ‘La Reina de los condenados’. En esta ocasión, Rice no intervino en el guión y tanto sus aficionados como quienes vieron la película sin conocer de antemano las novelas coincidieron en la dudosa calidad de la cinta. El escaso éxito de esta secuela probablemente hará que tardemos más en ver en la gran pantalla nuevas historias góticas de Lestat, Louis y el resto de personajes, ya míticos, creados por Anne Rice.
Stephen King, en tanto, es el autor de literatura fantástica más veces llevado al cine. Nacido en Portland (Maine) en 1947, publicó su primera novela en el año 1974. Se trataba de ‘Carrie’, una historia verosímil en la que se intercalan elementos paranormales y que Brian de Palma presentó en imágenes dos años más tarde. Lawrence D. Cohen se encargó del guión, en el que se ordenaron cronológicamente los hechos presentados por King en la novela a saltos y mediante distintos puntos de vista.
También faltaron algunos pasajes del texto de King que requerían demasiado presupuesto en efectos para ser trasladados a película. No obstante, el resultado final condensa perfectamente la propuesta literaria del escritor y contiene algunas escenas indispensables en el marco de la historia del cine de terror.
En el año 1980, Stanley Kubrick estrenaba ‘El resplandor’, una gran película por un lado, pero con importantes diferencias respecto a la historia original. Stephen King, quien reniega de la cinta protagonizada de forma memorable por Jack Nicholson, prefiere la versión para televisión producida en 1997, bajo la dirección de Mick Garris.
En 1982, John Carpenter se encargó de la adaptación de ‘Christine’ (1982), otro best-seller de King que destaca más por sus curiosos protagonistas, unos coches con vida propia, que por su calidad, al igual que la versión cinematográfica. Y del mismo modo, Lewis Teague llevaba al cine en 1983 la historia del mortal animal de compañía ‘Cujo’.
Mejores resultados tuvo David Cronemberg con su fiel adaptación de ‘La zona muerta’ (1983), thriller psicológico sobre un maestro con poderes extrasensoriales recientemente reconvertida en serie de televisión de la mano de Michel Piller.
Y así, Stephen King se ha enriquecido tanto por las ventas de sus libros como de los derechos de adaptación de novelas y relatos como ‘Los chicos del maíz’ (Fritz Liersch, 1984), ‘Ojos de fuego’ (Mark L. Lester, 1984), ‘Miedo azul’ (Daniel Attias, 1985), ‘Perseguido’ (Paul Michael Glaser, 1987), ‘El cementerio viviente’ (Mary Lambert, 1989), etcétera, interviniendo en algunas en el proceso como guionista o asesor.
Y merecen un punto y aparte títulos como ‘Misery’ (1990), adaptación de Rob Reiner de la historia de la “fan número uno” de un escritor, interpretada por una magnífica Kathy Bates; ‘Cadena perpetua’ (1994) y ‘La milla verde’ (1999), ambas dirigidas y guionizadas por Frank Darabont con muy buenos resultados de crítica y taquilla.
El último film estrenado con la firma del “Rey” ha sido ‘El cazador de sueños’ (2003) que pese a estar dirigido por el prestigioso director y guionista Lawrence Kasdan ha obtenido un resultado desigual entre los aficionados al género.
-Literatura de ciencia ficción
Desde la aparición del cinematógrafo, la industria ha encontrado en autores como H. G. Wells y Julio Verne, precursores de la ciencia ficción en la literatura; Philip K. Dick (‘Minority report’), Frank Herbert (‘Dune’), Stanislaw Lem (‘Solaris’), y por supuesto Michael Crichton, autor de meticulosas novelas de divulgación científica, un filón para su vertiente más comercial.
El novelista francés Julio Verne nació en el año 1928 en las proximidades de Nantes y falleció con 80 años tras conocer las películas ‘Viaje a la luna’ (Georges Méliès, 1902), ‘Viaje al centro de la Tierra’ (Segundo de Chomón, 1907) y ’20.000 leguas de viaje submarino (Georges Méliès, 1907), primeras adaptaciones de sus aventuras fantásticas. Así, sus novelas han inspirado los guiones de multitud de filmes a lo largo de la historia del cine entre los que destacan la versión de 1954 de ‘20.000 leguas de viaje submarino’ dirigida por Richard Fleischer y producida por Disney.
Al igual que el Drácula de Bram Stoker, el personaje del Capitán Nemo ha escapado del argumento de Verne para intervenir en otros formatos como el cómic creado por Alan Moore, ‘La liga de los caballeros extraordinarios’ – y adaptado al cine este año por Stephen Norrington como ‘La liga de los hombres extraordinarios’ (2003)- en el que el patrón del Nautilus comparte curiosamente cartel con Mina Harper.
Actualmente se preparan nuevas versiones para 2004 de ‘La vuelta al mundo en 80 días’, bajo la dirección de Frank Coraci, y ‘Viaje al centro de la Tierra’, de la mano de Gavin Scott.
Philip K. Dick nació en Chicago en el
año 1928 y ya en su infancia comenzó a leer y escribir ciencia ficción. En la
década de los 50 se convirtió en escritor profesional, y algunos de sus relatos
y novelas han originado obras fundamentales del cine de ciencia ficción. Tal es
el caso de ‘¿Sueñan los androides con ovejas
eléctricas?’ (1968), título que inspiró la película ‘Blade runner’ (1982)
aunque sólo como punto de partida pues el director, Ridley Scott, ideó incluso
el término ‘replicante’ como símil al ‘androide’ del escritor.
‘Usted lo recordará perfectamente’ fue, por su parte, el
origen de la película de Paul Verhoeven ‘Desafío total’ (1990); y más
recientemente Steven Spielberg llevó al cine los ‘pre-cogs’ (mutantes que
pueden ver el futuro y trabajan para las fuerzas del orden público) de
‘Minority report’ (2002), aportando multitud de elementos que alargaron
considerablemente la historia y, consecuentemente, el metraje. También tuvieron
su versión cinematográfica, aunque con menor presupuesto, sus historias
‘Segunda variedad’ e ‘Impostor’, en las producciones‘Asesinos cibernéticos’ (Christian
Duguay, 1995) e ‘Impostor’ (Gary
Fleder, 2002); y actualmente se encuentra
pendiente de estreno la película ‘Paycheck’, de John Woo, basada en la historia
del mismo nombre de Philip K. Dick.
Sin embargo, el autor nunca conoció cómo los cineastas interpretaban sus palabras, pues un fallo cardiaco acabó con su vida en el año 1982, semanas antes del estreno de ‘Blade runner’.
También nació en Chicago Michael Crichton, pero ya en 1942. Su primer best-seller fue ‘La amenaza de Andrómeda’ (1969), thriller inspirado en ‘La guerra de los mundos’ de H. G. Wells que Robert Wise llevó al cine dos años más tarde. Éste fue el inicio de una importante relación del autor con el Séptimo arte, como guionista, director y productor. Entre las adaptaciones de sus novelas que más éxito han cosechado podemos citar ‘Parque Jurásico’ y su secuela ‘El mundo perdido’ -ambas dirigidas por Steven Spielberg en 1993 y 1997 respectivamente-, ‘Sol naciente’ (Philip Kaufman, 1993), ‘Congo’ (Frank Marshall, 1995) y ‘Esfera’ (Barry Levinson, 1998). Además, acaba de llegar a la cartelera la versión del realizador Richard Donner de la novela ‘Rescate en el tiempo (1999-1357)’, que conserva en España el título original ‘Timeline’.
- Literatura de fantasía
En la literatura de fantasía heroica o épica el cine de aventuras ha descubierto grandes tramas y personajes para narrar en imágenes historias maravillosas de espada y brujería. Autores como J.R.R. Tolkien, Robert E. Howard o Michael Ende han escrito propuestas que tanto en los libros como en el cine dejan escapar la imaginación tanto del público infantil como el adulto.
John Ronald Reuel Tolkien nació en Sudáfrica en 1892 y ha pasado a la historia como el creador de la Tierra Media, una de las mitologías fantásticas más difundidas del siglo XX.
Cuatro años después de la muerte del escritor, en el año 1973, se estrenó la primera adaptación de una de sus obras, ‘El hobbit’ una producción animada dirigida por Jules Bass y Arthur Rankin Jr. En la versión original, el doblaje tenía un reparto de lujo con el director John Huston como el mago Galdalf y Otto Preminger prestando su voz a Elvenking. Un año más tarde, el animador Ralph Bakshi fusionaba parte de los dos primeros volúmenes de ‘El señor de los Anillos’ en una curiosa producción en la que se alternaba la animación clásica con actores reales filmados previamente e insertados en el metraje.
En esta ocasión fueron dos actores vinculados al fantástico los que ejercieron de dobladores ilustres: John Hurt (‘Alien, el octavo pasajero’) como el caballero Aragorn, y Anthony Daniels (‘Star Wars’) como el elfo arquero Légolas. En 1980 el duo Bass y Rankin volvía a poner en movimiento ‘El retorno del Rey’ contando nuevamente con Huston para la voz del mago. Esta sería la última versión animada de los textos de Tolkien quien cayó en el olvido cinematográfico –no así de la literatura- hasta que el neocelandés Peter Jackson se embarcó en el titánico proyecto de filmar los tres volúmenes de la trilogía de la Tierra Media de una sola vez. El primero de los filmes (‘La comunidad del anillo’) vio la luz en 2001, el segundo (‘Las dos torres’) en 2002 mientras que la trilogía acaba con ‘El retorno del Rey’ en las navidades de 2003.
A pesar de que el éxito de las ediciones para la pantalla grande ha sido notable, el equipo técnico ha seguido trabajando después de cada uno de los estrenos para realizar versiones extendidas con metraje adicional no visto en las salas comerciales de modo que el visionado de la obra completa superará con toda probabilidad las nueve horas.
Robert E. Howard llegó al mundo en Texas a comienzos de 1906 y a lo largo de su corta vida –se suicidó a los 36 años- escribió decenas de relatos que fueron publicados en su mayoría en la revista Weird Tales, junto a trabajos de H. P. Lovecraft y Clark Ashton Smith, entre otros. Su más importante aportación fue Conan, personaje al que daría vida en el cine décadas más tarde Arnold Schwarzenegger en las películas ‘Conan el bárbaro’ (John Milius, 1982) y ‘Conan el destructor’ (Richard Fleischer, 1984). El salto al cine del héroe, habitante de un mundo poblado de demonios y brujos, derivó de su popularidad motivada por su primera adaptación al cómic de la mano de la editorial Marvel y dibujantes como Barry Smith, John Buscema y Ernie Chan.
Michael Ende nació en Alemania en el año 1929. El éxito de sus obras, que han sido traducidas a más de 35 idiomas, provocó el interés de la industria del cine que adquirió los derechos de dos de sus novelas. Por una parte, Wolfgang Petersen rodó en 1984 ‘La historia interminable’, con un resultado que no agradó al autor. Sin embargo, la película logró gran éxito de público, lo que motivó la producción de dos secuelas en 1990 y 1994. De otro lado, Johannes Schaaf llevó al cine en 1986 las aventuras de la pequeña ‘Momo’. En este caso, según ha contado el propio Michael Ende, la narración original fue escrita para un proyecto televisivo que nunca llegó a realizarse, por lo que posteriormente se editó en forma de novela y ya por último se convirtió en un largometraje para su estreno en la gran pantalla.
En 2001 una nueva versión animada titulada ‘Momo: una aventura a contrareloj’ se estrenó en los cines a fin de entretener al público infantil.