EL MONSTRUO:
COMPONENTE UNIVERSAL DE MITOS Y LEYENDAS
Susana Guerrero Salazar
La
fuente más remota de la literatura está en el mito, conjunto de símbolos
mediante los cuales el ser humano trata de dar respuestas a su origen y a su
destino, justificando así los misterios de la naturaleza, de la vida y de la
muerte. El mito, combinado de lengua, arte y religión, está en la base de todas
las culturas y forma parte del cuento folclórico y maravilloso.
La
creatividad de estos relatos míticos son el producto de la imaginación
colectiva que transforma la realidad en un intento de dar respuestas a los
aspectos más enigmáticos o estremecedores del mundo en que vivimos. Y esa
transformación simbólica se encarna con frecuencia en seres monstruosos. De
hecho, estos forman parte del bagaje cultural de todas las épocas y de todas
las civilizaciones. Representan el mal, son los símbolos de la fuerza, de la
exaltación afectiva de los deseos, de las intenciones impuras. Son, por
excelencia, los oponentes, los adversarios del héroe y de las armas.
A
lo largo de la historia de los pueblos todas las grandes preocupaciones —entre
ellas suprimir el mal— se han organizado en relatos míticos, de ahí que la
lucha contra el monstruo sea un tema recurrente en los cuentos y leyendas
tradicionales. Pollux Hernúñez en Relato
de un viajero, recoge la visión que tuvieron unos marinos en África cuando
encontraron a la Madre Tierra pariendo sus horrores para inundar el universo.
Esta Madre Tierra es un gigantesco ser del que derivan todo tipo de
monstruosidades, símbolos de todos los males que acosan a la humanidad:
[...] había enfrente una
cadena de altas montañas que no parecía sino el colosal cuerpo tendido de una
mujer, y no sólo lo parecía, sino que lo era, pues de su fecundísimo vientre y
a lo largo de sus muslos salía al mundo un tropel de miles de criaturas de toda
especie que llenaban el valle y se desparramaban hacia el interior del país
como un río viviente. Allí monstruosos dragones con gigantescas cabezas de
avispa y miles de patas tornasoladas, allí enormes lagartos de tres cabezas
coronadas de cuernos retorcidos y relucientes, allí horribles pajarracos con
garras de hierro al rojo y serpientes por plumas, allí gatos transparentes más
grandes que bueyes y pelos como lanzas de cristal, allí descomunales cabezas de
perro unidas de dos en dos y sostenidas solo en una pata saltadora armada de un
sinfín de garfios dorados, allí ingentes cerdos azules cubiertos de viscosas
ubres que arrojaban chorros de fuego y sangre por doquier, allí hormigas
gigantes, sanguijuelas voladoras, arañas con ruedas, hombres unípedes,
cucarachas pegajosas, ratas cubiertas de escamas, gusanos blancuzcos que
explotaban en el aire... (Hernúñez 1988: 136-137).
El
carácter universal de los relatos fantásticos se debe, entre otras razones, a
que estos suponen un complemento fundamental en el desarrollo de la persona, de
ahí su importancia en la etapa de la infancia[1]. Por un lado, presentan los problemas y
angustias existenciales a través de personajes polares que entendemos con
facilidad: el héroe —o el santo— es el símbolo del bien y el monstruo el del
mal. Por otro, presentan la vida como un campo de batalla en el que luchan
fuerzas contrapuestas y, donde, aunque la infelicidad se introduzca, el débil
puede vencer al fuerte.
Este triunfo del héroe sobre el
monstruo significa el triunfo del bien sobre el mal, del espíritu sobre la
carne. El monstruo representa la desviación de la norma, la transgresión de las
leyes, supone un desafío contra la naturaleza y la racionalidad. Simboliza el
caos, las tinieblas y todos nuestros miedos más profundos. Es, por tanto, la
prueba dolorosa que hay que superar, ya sea mediante la fuerza, la astucia o el
trabajo. En este sentido, estos relatos maravillosos llevan un mensaje muy
claro: que en la vida las dificultades son inevitables y que la salida no es
huir, sino hacer frente a las adversidades.
Hay
además otra cuestión: que todo ser humano, al mismo tiempo que repudia los
aspectos más desagradables —como pueden ser la escatología o el terror— siente
una tendencia natural, una especie de impulso morboso hacia ellos; y en los
monstruos se aúnan estos aspectos contradictorios, por ello, al mismo tiempo
atraen y repelen.
Proponer
una tipología de monstruos es tarea ardua, pues los hay terrestres, aéreos y
acuáticos, con rasgos desmesurados, animalescos, con los miembros
multiplicados; unos son híbridos de diversos animales, o combinan rasgos
animales y humanos, algunos podrían ser incluidos simultáneamente en varios
grupos y otros resultan de difícil clasificación. A pesar de la dificultad,
propongo una clasificación en seis grupos: en primer lugar, los gigantes y
otros monstruos afines; en segundo lugar, los dragones; en tercer lugar, los
animales monstruosos y los híbridos; en cuarto lugar, los monstruos marinos; en
quinto lugar, las aves fabulosas y, por último, los asustaniños. Dejo al
margen, entre otros, los seres demoníacos, las brujas[2] y otros seres espectrales.
Los
monstruos que voy a tratar están presentes, con leves variantes, en mitos y
leyendas de diversas culturas —entre ellas la china, rusa, grecolatina y
española—; muchos de ellos han sido transmitidos y perpetuados fundamentalmente
a través de la literatura y del cine. De ellos destaca su carácter negativo
(aunque en ocasiones los gigantes y dragones pueden adquirir rasgos positivos y
actuar de ayudantes) y su aspecto horrible y aterrador. Tienen como misión
molestar, raptar o comerse a los humanos.
2. Los gigantes y otros monstruos afines
El
gigante en sí mismo ni es benévolo ni es malévolo, de ahí que los haya
protectores y peligrosos. Su estatura simboliza el poder y la fuerza. Viven
fundamentalmente en grandes espacios naturales (cuevas, grutas, minas, etc.), o
están relacionados con un castillo o jardín —como ocurre en El Gigante Egoísta de Oscar Wilde—, donde custodian algún tipo de tesoro o
riqueza. Estos seres monstruosos existen en todas las culturas, suelen aparecer
como los primeros habitantes del mundo y, con frecuencia, ocasionan daños a los
humanos y a la naturaleza. Pueden interpretarse como una imagen del padre
terrible, pues los niños ven a sus padres como seres enormes.
En
todas las tradiciones, el mito del gigante está ligado a lo maravilloso y a lo
terrible, con connotaciones de inferioridad y subordinación. En la Biblia se cita a Goliat (1 Sam 17, 4), a
Og (Det 3, 1-11), a Sansón, que, en cierto modo, también presenta rasgos de
gigante (Jc 13-16), etc.
Los
gigantes y titanes de la mitología griega se caracterizan por su crueldad.
Entre ellos destacan: Tifón, que es
el más grande; posee cien cabezas de serpiente y, en lugar de piernas, víboras;
es alado y echa fuego por los ojos. Briareo
es el gigante de cien brazos y Argos el
de cien ojos. Titio o Ticio habita
en el Tártaro, donde dos buitres le devoran el hígado por haber intentado
forzar a Leto. Oto y Efialtes
son los gemelos que intentan apoderarse del palacio de los dioses en el Olimpo.
Contra
gigantes y titanes ha de combatir el héroe, valiéndose, bien de su fuerza, bien
de su astucia. A Teseo, el héroe nacional ateniense, se le atribuye el
exterminio de Sinis, Escirón y Cerción. Perseo, con la cabeza de
Medusa, convirtió en piedra a Atlante,
el gigante que encabezó a los Titanes en su lucha contra los dioses. Pero es
Hércules el héroe griego más famoso; acabó, entre otros, con Anteo, al que alzó del suelo y ahogó
entre sus brazos[3], y con Gerión, que poseía tres cabezas y tres cuerpos hasta la cintura;
criaba rebaños de bueyes con ayuda del boyero Euritión y un perro de dos
cabezas llamado Orto; el héroe mató con una flecha al perro, con otra a
Euritión y con una tercera traspasó los tres cuerpos del monstruo al mismo
tiempo.
El
trasvase de los mitos de unas culturas a otras es usual. Así ocurre que el
gigante Gerión es, en la España antigua,
Gritón, llamado así por lo mucho que gritó al nacer; destacaba en el
terreno deportivo y en el intelectual; su cabeza derecha se ocupaba de la
literatura y de todo lo concerniente a lo espiritual; la izquierda, de los
aspectos científicos; la del medio coordinaba a las otras dos, discernía y
actuaba. Era pacífico y contribuyó a enriquecer Tartesos, hasta que llegó
Hércules para robarle las manadas de vacas —bueyes según la mitología griega—.
El héroe machacó las tres cabezas de la perra Aurora —Orto para los griegos—,
que vigilaba el ganado, pero no pudo vencer en el combate al gigante, así que
huyó con el rebaño, lo escondió en una gruta, se subió a un árbol y esperó.
Cuando vio que Gritón se acercaba volando, le tiró una flecha y lo mató. De su
sangre surgió un drago[4], al que, si se le corta una rama, genera
un líquido blanco como la leche, y, si se le corta una raíz, un líquido rojo
como la sangre.
En
la mitología china también abundan los relatos protagonizados por gigantes[5], algunos de ellos benéficos (como Pangu, la primera criatura del
universo, quien puso orden en el caos del universo). No obstante, la mayoría
son elementos perturbadores de la tranquilidad humana y se caracterizan por su
falta de seso, como Kuafu, que quiso
atrapar al sol para que nunca se ocultara, o el gigante sin cabeza, el cual, según la leyenda, la perdió
en la lucha contra el dios Tiandi, a quien quería robar el trono.
En
la mitología rusa los gigantes mantienen su carácter negativo. Destacan Tugarin y Sviatógor. El
primero es una horrible criatura, maleducada y grosera, de altura y volumen
extraordinarios, cuyos ojos estaban muy separados y sus orejas eran muy grandes[6]. El segundo, Sviatógor, es uno de los héroes más antiguos de las bilinas[7], es
el último gigante, cuya fuerza no está justificada en las leyendas, pues
no lucha contra dragones ni enemigos; simplemente parece condenado a morir[8].
Las
narraciones populares en la Alta Extremadura hablan de familias de gigantes con poderes mágicos que viven ocultos en unos
canchales que se abren al conjuro de una frase, procedimiento usual en los
cuentos orientales (Alí Babá y los
cuarenta ladrones, por ejemplo)[9]
También
en los cuentos de tradición andaluza aparecen seres gigantescos. Fernán
Caballero recoge el cuento El pájaro de
la verdad, un pájaro que se encuentra
atrapado en el castillo de Irás y no
volverás, guardado por un gigante
feroz que sólo duerme un cuarto de hora al día[10].
No
obstante, según la tradición folclórica y legendaria de España, los gigantes
habitaron fundamentalmente los Pirineos, donde han dado lugar a la explicación
mítica de sus cordilleras. Destacan en Aragón, entre otros, Arrancopinos, Batemontes, Juan Ralla, Juan
el Oso, Silván, la Giganta de Riglos, el Gigante de Muyed, etc. En Cataluña
las leyendas sobre gigantes proceden de las zonas lindantes con los Pirineos;
destacan: Apartamontañas, el Padre
Gigante, Trucafort, Papás, Bufim-Bufaina, Pla Falgars, Fort Farrel, Noi de
Vaquerisses, Padre Esmé, Farrell, etc., quienes suelen encarnar la fuerza
bruta, aunque no carente de inteligencia. En el País Vasco, destacan Errolán, Osa de Andara, etc.[11]
Los
cíclopes conforman un grupo dentro de los seres gigantescos. Se caracterizan
por poseer un único ojo, rasgo que tienen en común monstruos de distintas
culturas: la celta (Balar poseía un solo ojo por el que desprendía fuego), la
grecolatina (Polifemo), la Cántabra (Ojáncano), la hurdana (la Jáncana Rabúa,
el Jáncano y el Pelujáncano), etc. Todos son seres malvados, que habitan
normalmente en cuevas y que protagonizan sangrientas hazañas.
En
la Odisea aparecen unos cíclopes
orgullosos y salvajes[12]. El principal es Polifemo, hijo de Posidón, que habitaba en Sicilia, donde se
enamoró de la ninfa Galatea. Cuando Ulises llegó a sus costas, el cíclope lo
encerró junto con sus compañeros en el lugar donde guardaba sus ganados y donde
cada tarde se emborrachaba; el héroe consiguió que, tras haber bebido, Polifemo
se durmiera; entonces, le clavó una estaca en su único ojo y lo cegó; a la
mañana siguiente, cuando el monstruo hizo salir una a una a las ovejas, todos
lograron escapar agarrándose fuertemente debajo de los animales. Este relato se
ha extendido universalmente (incluso se recoge en Las mil y una noches, cuando Simbad vence, en su tercer viaje, a un
cíclope).
En
España, este mito se rastrea prácticamente en todas las regiones. En Cataluña
se materializa en las leyendas del gigante de Rocalladura, del de Moianés
y del de la Quera. Entre los
cíclopes catalanes destaca también el gigante Aneto, un pastor caníbal que atrae a los viajeros para devorarlos
en su cueva; es cegado por un pastor, al que el gigante persigue y atrapa
gracias a un anillo mágico que el pastor no puede evitar ponerse. Otra versión
de esta leyenda es la del cíclope aragonés
de Peña Grustán, que varía al
final, pues el pastor se corta el dedo del anillo y lo arroja a un río, donde
el gigante muere ahogado.
En
el País Vasco el mito del cíclope se recoge en las distintas leyendas del Tártalo (llamado también Tártaro y
Torto) y del Alabari (o Alabarri).
En la mitología gallega destaca el Olláparo,
cíclope que habita en cuevas escondidas en los bosques (algunas leyendas hablan
de dos ojos, uno situado en la frente y otro en el cogote); el Ollapín es semejante pero posee un
único ojo en el pescuezo.
Los
gigantes pirenaicos aragoneses suelen ser cíclopes, guardianes de rebaños de
animales con cuernos de oro; son antropófagos, luchan contra los humanos hasta
que uno los vence utilizando el engaño de Ulises o una versión similar.
En
la Alta Extremadura y en Cantabria existen leyendas sobre crueles gigantes,
chupasangres y devoradores de los niños traviesos que guardan bastantes
reminiscencias con los cíclopes clásicos; pero hay una diferencia fundamental:
mientras en la tradición mitológica la lucha contra los monstruos la efectúan
héroes individualizados, en las leyendas populares de España es el propio
pueblo, como colectivo ante una amenaza común, el que emprende la hazaña[13]. Estos enormes monstruos, al igual que
los cíclopes, poseen un único ojo y habitan en cavernas. Así, en la mitología
hurdana aparecen la Jáncana Rabúa, el Jáncano y el Pelujáncano y en la
mitología Cántabra el Ojáncano[14].
La
Jáncana es un ser maligno con poder
para transformarse en una sierpe, con un ojo en la frente, la faz arrugada, el
pelo alborotado, vestidos harapientos y cuerpo deforme. Su aspecto no es
gigantesco, aunque sí el de su marido, el Jáncano,
cuyo ojo central es un foco que atrae fatalmente. Un relato sobre él y un
pastor reproduce el episodio acontecido entre Polifemo y Ulises, aunque
ruralizado y adaptado a la realidad del medio hurdano.
El
Pelujáncano se diferencia del
anterior en que posee un solo pelo en la cabeza, en el que reside en parte su
poder (lo que recuerda al Sansón bíblico). Con este personaje se asusta a los
niños, pues se dice que se los lleva a su cueva y les roe las orejas.
El
Ojáncano[15] es un ogro terrible de la mitología
cántabra que se esconde en las cavernas y sólo sale de noche para realizar
horrendas fechorías. Encarna el mal, lo negativo y lo salvaje. Tiene diez dedos
en cada pie y mano. Lleva una honda y un bastón que puede transformarse en
lobo, víbora o cuervo. En su barba bermeja se oculta un pelo blanco, que es su
punto débil. Con su único ojo lo divisa todo por muy distante que esté. Vive
con la Ojáncana, de aspecto similar, pero con dos ojos cubiertos de legañas y
sin barba. Con sus dos colmillos afiladísimos despedaza a los niños. La
caracterizan sus pechos enormes que le cuelgan hasta el vientre y que tiene que
echarse al hombro cuando corre.
Según
la tradición, cuando un Ojáncano está viejo los demás lo matan, le abren el
vientre, se reparten lo que lleve dentro y lo entierran junto a un roble. Del
cadáver, al cabo de nueve meses, surgen unos gusanos enormes que una Ojáncana
amamanta con la sangre de sus pechos hasta que a los tres años se convierten en
Ojáncanos y Ojáncanas.
3. Los dragones
El
dragón es un animal fabuloso que se encuentra en la mayoría de las civilizaciones
(china, india, árabe, turca, mongola, griega, romana). Es un compendio de
animales agresivos y peligrosos: serpientes, cocodrilos, leones y animales
prehistóricos. Se le suele representar con el cuerpo lleno de escamas, una
larga cola de púas, alas membranosas y una boca con enormes dientes por donde
echa fuego. Terrorífico, fuerte y veloz se caracteriza por una vista agudísima,
de ahí que, con frecuencia, actúe como guardián de templos o tesoros. Las
novelas de caballerías difundidas en la Edad Media presentan infinitud de
episodios en que el héroe ha de vencer al dragón, encarnación suprema del mal,
para salvar a la doncella. La iconografía cristiana ha contribuido a la
profusión de este animal fabuloso, que aparece en el libro del Apocalipsis (12,
3 y ss.; 13, 1 y ss.) como personificación del demonio.
En
la mitología China el dragón es el animal más singular y extraordinario.
Alcanzó una difusión tan grande que se convirtió en el emblema del poder
imperial hasta el derrocamiento de la dinastía Manchú (1912). A diferencia de
los dragones de la mitología europea, en China estos monstruos eran benéficos
(no obstante, en momentos de ira causaban tempestades e inundaciones). Aunque
guardan parecido con los demonios-serpientes indios, lo que diferencia al
dragón chino y lo hace único es su aspecto bondadoso.
Así
la diosa madre Nüwa, creadora y
sostenedora del orden, fue la que engendró a los primeros seres humanos e
instituyó el matrimonio; tenía forma humana en la parte superior, pero, en la
inferior, era semejante a un dragón y podía cambiar de forma. Fushi, su compañero, un híbrido de
hombre y dragón, fue también un gran benefactor para la raza humana, pues le
enseñó el fuego, la caza, la música, etc.[16] Yü
ayudó a aplacar una terrible inundación que estaba destruyendo la tierra y
enseñó a los humanos cómo construir canales[17]. Long,
dragón que controlaba la lluvia y las aguas de los ríos y lagos, era muy
diferente de los dragones europeos, pues en vez de arrojar fuego, lanzaba
nubes; poseía cabeza de camello, cuernos de ciervo, ojos de demonio, orejas de
vaca, cuello de serpiente, vientre de molusco, escamas de carpa, garras de
águila y zarpas de tigre; con frecuencia, adoptaba forma humana.
En
contraposición al carácter benéfico de los dragones en la mitología china, en
la rusa, mantienen las características negativas del personaje temido y
amenazante. Estos seres aparecen en las bilinas, en las vidas de los santos y en los versos sagrados compuestos y
cantados por peregrinos y mendigos. El cristianismo y los relatos bíblicos
reforzaron la idea de que eran seres maléficos y crueles, relacionados con el
diablo. De ahí la leyenda de que, cuando San Miguel ayudaba a Dios a luchar
contra los demonios sublevados, la mayoría cayó en tierra, excepto el dragón,
que se perdió en el cielo. Otra leyenda es la de San Juan, el Gran Sufridor,
que cuenta cómo este santo se enterró en penitencia hasta el pecho y así
permaneció treinta años soportando las tentaciones del diablo que, transformado
en un temible dragón, amenazaba con devorarlo y le escupía fuego. Una noche de
Pascua, le agarró la cabeza con sus mandíbulas y le quemó la barba y el pelo
sin conseguir que el santo sucumbiera.
Otro
monstruo de los cuentos rusos relacionado con el dragón es una gigantesca serpiente
con tres, nueve o doce cabezas. A veces vive en el mar, pero lo normal es que
tenga aliento de fuego y pueda volar. Las leyendas bíblicas —como la tentación
de Eva en el paraíso— también contribuyeron a relacionar este monstruo con el
demonio.
Pero
antes del cristianismo, en la mitología rusa, los dragones se asociaban a las
formas sinuosas de la luz. Se creía que controlaban el clima y que de ellos
dependían los tiempos de lluvia o de sequía. En Ucrania, las leyendas de
dragones se utilizaban también para
explicar el origen de los terraplenes de las antiguas fortificaciones,
construidas por los esclavos para protegerse de los nómadas del Este.
En
la mitología griega, el dragón aparece como guardián de personas, animales o
cosas de gran valor. El héroe debe enfrentarse a ellos para conseguir el objeto
preciado. Así Ladón, al que mató
Hércules, era un monstruo terrible de cien cabezas que custodiaba las manzanas
de oro del Jardín de las Hespérides[18]. El dragón-serpiente
que guardaba el vellocino de oro fue adormecido por la música de Orfeo para que
Jasón pudiera robarlo. Cadmo luchó con el dragón-serpiente
que custodiaba Beocia y sembró sus dientes, los cuales se convirtieron en un
ejército de guerreros[19], etc.
En
España también abundan relatos protagonizados por dragones. En Extremadura
circula la leyenda del insaciable Drago,
un monstruo con cabeza y brazos humanos y cuerpo de basilisco que devoraba a
animales y personas de esta tierra[20]. Similar al Lagarto de la Malena de
Jaén, que despobló Andalucía y pasó al continente africano[21].
También
hay dragones en la mitología Cántabra. Destacan el culebre o cúlebre (cuélebre en Asturias), una mezcla de dragón y
serpiente que habitaba en los acantilados de Cantabria, donde guardaba los
tesoros que escondieron los moros. Poseía garras, alas de murciélago y una
cresta que se prolongaba por todo el espinazo hasta la cola. De entre los más
conocidos destaca el que mató el apóstol Santiago impidiendo así que el
monstruo devorara a una joven muchacha[22]. Este apóstol aparece relacionado con el
dragón en otras leyendas. Así ocurre con el dragón del Monte Ilicino, que
reinaba en un siniestro encinar lleno de toros bravos. Según la tradición, el
monstruo salió huyendo y los toros se volvieron mansos cuando vieron el sarcófago
de Santiago. En este lugar, que se llamó Monte Sacro, se erigió la tumba del
santo[23].
En
Cataluña, los dragones están relacionados a su vez con el aire, el agua, el
fuego y la tierra. La leyenda más popular es la de San Jorge, quien libera a
una doncella de las garras de un dragón.
4. Los animales monstruosos y los
híbridos[24]
La
diferencia principal entre el animal y el monstruo es que el primero mata para
alimentarse, mientras que el segundo no se sacia y por ello devora
constantemente. No obstante, con frecuencia, en los relatos tradicionales, los
animales adquieren rasgos monstruosos, desdibujándose así la frontera que los
separa. De igual modo, ocurre con los híbridos entre hombres y animales, o
incluso entre hombres y plantas.
En
la mitología china abundan los animales monstruosos: serpientes, perros,
jabalíes, pájaros de tamaño y comportamiento inusual, etc. Los propios dioses
poseen, a menudo, formas monstruosas. El dios
trueno tenía el rostro azul, alas de murciélago, patas con garras y pico de
águila; hacía sonar los truenos batiendo sus tambores con cincel y martillo.
Utilizaba sus poderes para castigar a los malvados, aunque a veces también
socorría a los hombres[25].
Otra
diosa monstruosa de la mitología china es la
reina madre del oeste, con rostro de mujer, dientes de tigre, con una larga
y despeinada cabellera que caía sobre un cuerpo horrible terminado en cola de
leopardo. Nunca se movía de su gruta en la montaña de Kunlun, donde custodiaba
el melocotonero sagrado y conservaba el elixir de la inmortalidad y desde donde
enviaba plagas a la humanidad para castigar sus malas acciones. Unos pájaros
con tres cabezas le llevaban el alimento[26].
Muchos son los animales monstruosos
que deambulan por la mitología griega y que representan las fuerzas del mal.
Algunos son híbridos de diversos animales. Contra ellos ha de enfrentarse el
héroe, reafirmando así el triunfo del bien.
Así, el gigante Tifón, con su esposa
Equidna, mitad mujer mitad
serpiente, engendraron horribles monstruos. Los perros Orto y Cerbero, de dos
y tres cabezas respectivamente. Cerbero,
el perro de tres cabezas que era guardián del infierno. La Quimera, con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de serpiente;
de su boca salía fuego y mordía con sus dientes venenosos. La Esfinge de Tebas, que tenía cabeza de
mujer, patas y garras de león, cola de serpiente y alas de pájaro y que
estrangulaba a todos los que no resolvían sus enigmas. La Hidra de Lerma, que poseía cuerpo de perro y nueve cabezas de
serpiente, una de las cuales era inmortal. El León de Nemea, que devoraba a animales y hombres y a quien Hércules
estranguló con sus propias manos[27].
Otros
animales monstruosos contra los que combatió Hércules fueron el jabalí de Erimanto, la cierva de Cerinia, que poseía pezuñas
de bronce y cuernos de oro; el toro de
Creta, que echaba fuego por las narices y las yeguas de Diomedes, que eran cuatro y se alimentaban de carne
humana[28]. Jasón luchó contra los toros de pezuñas de bronce y aliento de
fuego cubriéndose de un ungüento de azafrán salvaje que lo protegía del hálito
ardiente[29]. El dios Apolo atravesó con sus flechas
a la horrible y enorme serpiente Pitón[30].
No
hay que olvidar tampoco, dentro de la mitología griega, a las tres Furias
(Tisífone, Alecto y Meguera), que tenían cuerpo de perro, alas de
murciélago y serpientes por cabellos. Se dedicaban a castigar en el Hades a los
condenados, quienes eran perseguidos por los Ceres, monstruos alados con
dientes puntiagudos, que atrapaban a sus víctimas y las conducían al infierno[31].
En
la mitología cántabra hay toda una serie de extraños animales, entre ellos, el
basilisco, la monuca, el cuegle y el culebre (a este ya me he referido
anteriormente).
La
monuca es un animal maldito, hija
del gato montés y de la garduña, animales genéticamente incompatibles, que
reciben como castigo una prole sanguinaria. Al poco de nacer mata a su madre,
le chupa la sangre y le saca los ojos. Cuando el gato montés descubre el
matricidio de la monuca, enloquece y sale en su busca. A los cinco años la encuentra.
Gorda de tanto chupar la sangre a los niños y a los corderos, su padre le
arranca los ojos de un zarpazo y la deja sufrir los inconvenientes de la
ceguera[32].
El
basilisco es un animal fabuloso en
forma de serpiente que mata con la mirada. Posee patas, pico y cresta de gallo.
En la Edad Media se decía que había nacido de un huevo sin yema puesto por un
gallo y empollado por un sapo sobre el estiércol. En Oriente se le atribuía la
forma mixta de gallo, serpiente y sapo. Se le puede dar muerte viéndolo
reflejado en un espejo[33], aunque algunas leyendas cuentan que
también es vulnerable a la comadreja, que segrega una sustancia venenosa para
él, y al canto de su propio padre, el gallo, que le produce la muerte[34].
El
cuegle tiene cuerpo de animal, el
rostro negro, de hombre. Posee un cuerno en la cabeza, tres ojos y una barba
larga. Tres brazos con unas manos enormes que carecen de dedos. Es muy voraz,
posee cinco filas de dientes y cinco estómagos. Come todo tipo de animales,
niños pequeños e incluso cadáveres. No puede beber leche, pues se hincha y
muere de dolor. A pesar de los estragos que ocasiona, nadie se atreve a
matarlo, pues, según la tradición, cuando muere de muerte natural, de su cuerpo
salen unos gusanos que se transforman en babosas y dan buena suerte[35].
Entre los animales monstruosos destaca el conjunto que
forman los híbridos de animal y humano. Así, en las diversas mitologías,
habitan los centauros, los sátiros, los minotauros, sirenas, tritones,
hombre-lobo, mujer-serpiente, hombre-ciervo, hombre-perro, hombre-pájaro,
hombre-dragón, etc.
Los
centauros son seres monstruosos de
la mitología griega que habitaban en los bosques. Muy rudos y de costumbres
brutales se caracterizan porque son mitad caballo y mitad hombre. Sin embargo, Quirón poseía un carácter dulce y era
célebre por su sabiduría, por ello adiestró a muchos héroes.
En
el norte de Cáceres circula una leyenda sobre una especie de centauro que
raptaba a las doncellas para violarlas en su cueva. En cierta ocasión
desapareció una joven muy hermosa. Unos jóvenes fueron a rescatarla pensando
que estaría en la gruta del gigante, pero no hallaron rastro de ella, sino el
esqueleto del monstruo sobre un lecho de hojas[36].
Los sátiros, mitad hombre mitad cabra, pertenecen al cortejo del Dioniso
y participan en todas sus fiestas bailando y bebiendo. Son muy lascivos, se
caracterizan por una notable actividad sexual que los lleva a perseguir
constantemente a las Ninfas y a las Ménades. En la mitología griega el sátiro
por excelencia es Pan, el dios de
los pastores y rebaños. Grueso y peludo, posee la cara llena de arrugas, con
larga y rala barba, un mentón muy salido, dos cuernos en la frente y orejas
vellosas; con pies provistos de pezuñas hendidas[37]. A Sileno,
su hijo, se le atribuyen varias leyendas[38].
Los leshii de la mitología
rusa guardan cierto parecido con los sátiros. Son demonios de los bosques con
apariencia de hombre viejo, muy arrugado, de piel áspera, larga barba, ojos
claros y saltones, con enmarañados cabellos de pie a cabeza. A veces se los
representa con cuerno y pezuña. Podían desaparecer, cambiar de tamaño o
metamorfosearse en cualquier animal del bosque[39].
Otro
híbrido es el minotauro, monstruo
con cabeza de hombre y cuerpo de toro, que, según la mitología griega, fue engendrado
por el temible toro blanco de Creta vencido por Hércules. Vivía en el centro
del laberinto de Cnosos y se alimentaba de carne humana. Cada año le
sacrificaban siete muchachos y siete muchachas. Teseo lo mató atravesándole el
cerebro con uno de sus afilados cuernos[40].
El
hombre-lobo es uno de los híbridos
monstruosos más temidos en la mitología rusa, aunque, en muchas historias
tradicionales, estas criaturas son dignas de lástima, puesto que aparecen como
seres patéticos, inadaptados e infelices, tanto en el mundo de las bestias como
en el de los humanos. Con frecuencia son cazados y perseguidos por hombres y
perros. En ocasiones, se ven obligados a robar en las granjas porque no
soportan ni la carroña ni la carne cruda[41]. En España circulan leyendas en torno a
este personaje por Galicia, Extremadura, Castilla y León, etc. Y es que esta
leyenda ha proliferado sobre todo en ámbitos ganaderos en los que el ataque de
los lobos era usual.
5. Los monstruos marinos[42]
Las profundidades marinas fueron
insondables durante siglos y provocaban en los antiguos un miedo atroz, al
mismo tiempo que despertaban la curiosidad hacia lo desconocido. Puesto que la
fantasía se amplía cuanto mayor es el desconocimiento, muchos monstruos
surgidos de la imaginación popular están relacionados con el mar y, en general,
con las aguas. En la Edad Media, los relatos marinos hablan de calamares y
serpientes gigantes, de peces monstruosos capaces de engullir a barcos enteros,
etc.
La
mitología griega posee un amplio catálogo de monstruos relacionados con los
peligros marinos: las Gorgonas, Caribdis y Escila, las sirenas, etc.
Las
Gorgonas (Esteno, Euríale y Medusa)
eran monstruos marinos que tenían serpientes en vez de cabellos, manos de
hierro, alas de oro, el cuerpo de escamas y disponían, para las tres, de un
solo ojo, un cuerpo y un diente que usaban alternativamente[43].
Medusa, con su mirada penetrante, causaba la muerte a los que se cruzaban
con ella, transformándolos en piedra. Perseo, utilizando su escudo de bronce
como espejo, le cortó la cabeza; de su sangre nació Criasor y el caballo Pegaso[44].
Caribdis
bordeaba el estrecho de Mesina, donde hacía naufragar los bajeles que se
esforzaban por huir de Escila, roca que estaba situada justo enfrente. Tres
veces al día absorbía enormes cantidades de agua, así como todos los objetos
que flotaban sobre ella, vomitando todo ello poco después[45]. Escila
poseía rostro y pecho de mujer, de sus ingles nacían seis medios perros,
con una cabeza y dos patas cada uno. Oculta en una cueva, espantaba y
atormentaba a los navegantes, haciéndolos morir lentamente mientras les roía
sus huesos[46]. Caribdis y Escila eran dos peligros
imposibles de vencer, sin embargo, Ulises logró, incólume, atravesar el
estrecho canal que estaba dominado por ambas[47].
España,
por estar rodeada de mares, pobló sus fábulas de seres marinos extraños que
manifiestan la preocupación por el eterno peligro que supone el mar para los
pescadores. Así se creía en la existencia de un pulpo gigante en el puerto de Carteia (Algeciras), cuya cabeza era
descomunal, poseía ocho tentáculos de ocho metros cada uno y unos dientes y
ventosas enormes. Otra leyenda es la del árbol marino poblado de animales
monstruosos, un árbol extraño y
gigantesco que se situaba en el Océano Atlántico, frente al Estrecho de
Gibraltar. Tenía algo de animal, sus raíces eran como garras con las que se
asía a los fondos marinos y podía desplazarse. En él habitaban monstruosos
animales. En la extremidad de las ramas más pequeñas crecían unas flores, que,
al dar fruto, se transformaban en una rueda carnosa, en cuyo centro había un
ojo que cambiaba de color. Estos ojos, que eran devorados por los pájaros y los
peces, eran ansiados por los marineros, pues circulaba la leyenda de que si
alguien se comía tres crudos, con sus propios ojos cerrados y la mano en el
corazón, podría adivinar el porvenir[48].
El tritón, monstruo marino de la mitología griega, mitad hombre mitad
pez, también ha formado parte de las leyendas de la España antigua. En las
costas cántabras destaca Lantarón,
el rey del mar (el equivalente a Posidón o a Neptuno), con forma humana, manos
y pies enormes con dedos unidos por membranas, cuerpo robusto y musculoso, piel
verde y negra, cabeza ovalada con dos enormes ojos verdes y saltones. Se
alimenta de pulpos y de una pócima de saúco y leche de sirena que lo convierte
en fluorescente y le da poderes sobrenaturales[49].
Mención
especial merece el mito de las sirenas,
uno de los más antiguos y universales. Procede de las civilizaciones
babilónicas y sirias, de donde pasó a la mitología grecolatina. En ella se
cuenta cómo Ulises logra no sucumbir al canto seductor de las sirenas atándose
al palo mayor de la embarcación y haciendo que la tripulación se tapara los
oídos con cera[50]. A pesar de que la iconografía primitiva
las representaba con patas y alas aviformes, a partir de la Edad Media se las
ha descrito con medio cuerpo de pez[51].
Las
rusalkas o ninfas acuáticas son unos
seres sobrenaturales de la mitología rusa que guardan cierto parecido con las
sirenas. Habitaban en los ríos y lagos, en cuyas orillas bailaban y cantaban
las noches claras. Eran los espíritus de las jóvenes que se habían ahogado.
Poseían apariencia humana, aunque la piel era blanca y translúcida; podían
aparecer con cola o transformarse en peces, sapos o ranas. Les gustaba sentarse
y peinar sus cabellos largos —de color verde o dorado— mientras se contemplaban
en un espejo. Para no sentirse solas, raptaban a los humanos y los llevaban a
las profundidades, a sus palacios de cristal. Para anular sus influencias
maléficas había que santiguarse o llevar una cruz en el cuello. Se apoderaban
de los niños pequeños, a los que tentaban con cestas de frutas, nueces, dulces
o galletas. A los muchachos imprudentes que vagaban por los bosques los mataban
en las profundidades de las aguas o los atormentaban haciéndoles cosquillas
hasta que morían de lasitud[52].
Según
Martín Sánchez[53], las sirenas españolas poseen unos
rasgos peculiares: jóvenes, bellas, poseedoras de una voz armoniosa pero
hechicera; suelen presentarse con un peine en la mano y un espejo en la otra,
habitan lujosos palacios submarinos y pueden llegar a casarse con los humanos. Muchas leyendas españolas basan el
origen de estos personajes acuáticos en maldiciones de sus padres por la
afición a andar en lugares peligrosos relacionados con el mar.
En
Extremadura, la sirena habita en los ríos; su forma se debe a que la madre,
harta de ver constantemente metida en el agua a su hija, le deseó que se
convirtiera en pez. Así resume la leyenda este rimado popular que recoge Flores
del Manzano[54]:
La Sirenita del mar
es una bella muchacha;
por maldecirla su madre,
la tiene Dios en el agua.
La
Sirenuca, cuyas leyendas circulan
por la cornisa cantábrica, es un personaje maléfico, que espanta los peces a
los pescadores; se trata de una moza de Castro Urdiales maldecida también por
su madre[55]. Otra variación de la leyenda recuerda
al tritón, pues habla de un muchacho al que le encantaba el mar y que, a causa
de la maldición materna, se transformó en hombre-pez[56].
En las leyendas estonias intervienen
algunas aves con poderes sobrenaturales. El cuclillo, por ejemplo, es un pájaro que goza de gran popularidad
entre los estonios[57]. Un cuento que lleva su nombre narra la
hazaña de una cruel madrastra que descuartiza a su hijastra y se la sirve como
alimento a su padre[58], quien no cae en el engaño y guarda los
trozos en un paño. Al tercer día, los restos de carne y hueso se transforman en
un hermoso cuclillo[59], que, al huir de la madrastra asesina,
deja caer la muela que tenía alrededor del cuello y que se convierte en la losa
de la tumba. La historia termina convirtiendo al pájaro en una leyenda:
Aún hoy el cuclillo, pájaro tímido y huidizo, vive solitario en los
bosques y no entra jamás en los patios de las casas. Tampoco construye nido,
como la muchacha que no tiene hogar. Y si alguna vez vuela hacia las viviendas
de los hombres, es portador de luto: entonces, cuando canta con el pico
orientado hacia la casa, con seguridad morirá en ella algún animal doméstico;
pero si su pico se orienta hacia el oriente, alguno de los habitantes de aquel
caserío hallará pronto su morada definitiva en la fría tierra del camposanto[60].
Los estonios imaginaban los espíritus
de la enfermedad con apariencia humana e incluso con comportamiento humano. Sin
embargo, en ocasiones, se asocian a determinados animales, que, por su carácter
negativo, adquieren un cariz monstruoso.
En la mitología griega son varias las
aves monstruosas, símbolos del mal, que tendrán que ser combatidas por los
héroes. Las aves del Lago Estínfalo
eran pájaros parecidos a cigüeñas, con picos y garras de bronce; dejaban caer
sus plumas metálicas sobre los que pasaban por el lugar y luego devoraban sus
cuerpos; Hércules logró ahuyentarlos imitando con el ruido de sus castañuelas
que la selva estaba ardiendo[61].
Las Harpías, hijas de Posidón, eran monstruos alados que tenían el
rostro de vieja, pico y uñas curvas, el cuerpo de buitre y grandes pechos; se
dedicaban a raptar niños y almas. Eran seres devastadores, hacían sentir
alrededor un olor infecto, causaban el hambre por donde pasaban, robaban
manjares de las mesas y corrompían instantáneamente los alimentos que tocaban[62].
En las leyendas de España, sobre todo de la mitología
cántabra, también hay aves caracterizadas por su maldad, como el pájaro de los
ojos amarillos, el Pecu y el gallo de la
muerte. El nombre de este último se debe a que, según la leyenda, el que
oye su canto muere al día siguiente[63].
El
pájaro de los ojos amarillos habita
en las montañas de Cantabria y mata con su mirada. Es fruto del apareamiento
entre un murciélago viejo y una lechuza. No sale en verano porque su sangre es
como el aceite y teme que el sol la caliente. A los diez años se le caen las
alas y se marcha a vivir a un río. Cuando el sol calienta el agua, la sangre le
escuece y se pone a excavar de un modo frenético hasta fabricar los pozos en
los que se ahogan los niños. Cuenta la leyenda que si mira a una persona en el
mismo momento en que suenan las campanas de una iglesia, le transmite con sus
ojos un mal que le quema las entrañas y que lo matará en cuatro horas. El único
remedio consiste en mirar a una golondrina y recitar esta invocación:
Quitaste a Dios las
espinas
quítame a mí el mal ardiente
de este pájaro maldito
que por sangre tiene aceite[64].
El
Pecu es un pájaro malvado, parecido
al gavilán, de cabeza y lomo grises, pecho y vientre a rayas y cola en forma de
escoba. Según la leyenda, era el hijo de un molinero ladrón que, como castigo,
tuvo un hijo deforme, malvado y torpe que solo aprendió a leer la p y la q, pero siempre las confundía, de ahí que lo llamaran Pecu. Un día,
en el colegio, mató a un compañero, embistió al maestro, destrozó la clase y
rompió la cruz de la pared. Como castigo divino, fue transformado en pájaro.
Pero no por ello dejó de atormentar, sobre todo a las mujeres, porque él decide
cuándo se casan, y a muchas las deja solteronas. Por ello en primavera las
mocitas le interrogan con voz dulce:
Pecu, Pecu, Pecu,
colita de escoba:
¿Cuántos años faltan
para la mi boda?[65]
En
la mitología china también hay aves monstruosas, como el Gran Viento, un enorme pájaro parecido al pavo real, con la cola
desplegada, el pico de águila y enormes alas que desencadenaban torbellinos.
Descendía en picado para llevarse a hombres y animales. El arquero inmortal Yi
lo atrapó con una cuerda de seda y lo mató con su cuchillo[66].
En la mitología rusa aparece un cruel ruiseñor, mitad hombre mitad
pájaro, que vivía en los árboles, desde donde vigilaba y, cuando veía que se
aproximaba cualquier criatura viviente, silbaba como una serpiente, aullaba
como una bestia o cantaba como un pájaro, conjurando así un fuerte viento que
aplastaba a los árboles, esparcía los pétalos de las flores y derribaba a los
hombres, quienes normalmente caían muertos.
7. Los asustaniños[67]
Las
leyendas más antiguas recogen infinitud de seres fabulosos creados con la única
finalidad de asustar a los niños para que no hagan cosas que puedan
perjudicarles, para evitar que sean díscolos o simplemente para que coman o
duerman. Lo que más aterroriza de los asustaniños es su indefinición, su
carácter amorfo y al mismo tiempo sincrético. Son dos las actuaciones
principales de estos monstruos: devorar al niño o llevárselo consigo a un lugar
sin retorno.
En
España, hay multitud de seres asustaniños: La
Mano Negra, el Bú, La Marimanta, el Carlanco, el Cancon, el Coco, el Tío del
Unto o del Sebo, el Sacamantecas, el Tío Camuñas, el Hombre del Saco, etc.
En ocasiones se reemplazan por animales fieros y temibles como el lobo. A estos
personajes se invoca incluso en las propias nanas:
Arrorró, mi niño duerme,
arrorró, que viene el Coco,
y se lleva enseguidita
al niño que duerme poco[68].
Martín
Sánchez[69] destaca, de entre los personajes
asustaniños, a tres que son prototipos de lo que causa terror al ser humano: el
Coco, el Hombre del Saco y el Sacamantecas. El Coco representa el miedo a lo desconocido; el Hombre del Saco simboliza el miedo a que nos separen de lo que
amamos, de nuestro mundo cotidiano. El Sacamantecas
(Mantequero en Andalucía) encarna el miedo a la muerte, sobre todo si es
violenta.
Fernán
Caballero recoge dos versiones del Carlanco,
una en que el monstruo amenaza a tres chivitas: ¡Abrid, que soy el Carlanco! / Que montes y peñas arranco. Otra en
que tres ovejitas construyen una casa de hierba; cuando está terminada, la
mayor deja a las otras fuera; la segunda hace otra casa y echa también a la
pequeña, a la que un albañil le fabrica una de materiales fuertes. El Carlanco
llega y destruye las casas de hierba, pero, cuando intenta destruir la de la
ovejita pequeña, se clava las púas y muere:
Abre la puerta al Carlanco,
si no te mato.
La ovejita contestó:
- Ábrela, guapo[70].
Como
se puede comprobar, el Carlanco sustituye al lobo en las versiones
tradicionales de los cuentos de Las siete
cabritillas y Los tres cerditos.
En
la tradición oral de Extremadura, destaca el zamparrón y la Mano Negra. El zamparrón posee un aspecto desagradable
y una voracidad insaciable, tiene cara de ogro y voz gutural. Está constituido
de materia elástica, por lo que puede encogerse o estirarse para introducirse
en las viviendas. Su manjar predilecto son los niños, a los que succiona y
engulle sin masticar. Suele esconderse en las despensas campesinas donde estos
acuden a buscar las meriendas[71]. La
Mano Negra es una mano flotante que se esconde en la oscuridad y tiene como
objetivo retorcer el cuello de los niños desobedientes, sobre todo cuando no
quieren irse a la cama. Este asustaniños está bastante extendido por toda la
geografía española. Se trata, en líneas generales, de una mano que rapta a los
pequeños y los lleva a lugares desconocidos de donde no regresan.
En
los montes cántabros se habla del hombre
de la flauta de piedra que transforma a los niños malos en saltamontes,
lechuzas o luciérnagas y del hombre
vestido de hojas de fresno, que coge en un cepo a los niños que desbaratan
los nidos o enturbian las fuentes[72].
Habría que añadir otros muchos
monstruos a los que ya me he referido, como los crueles gigantes, chupasangres
y devoradores de los niños traviesos de la Alta Extremadura y de Cantabria
(entre ellos la Jáncana Rabúa, el Jáncano, el Pelujáncano y el Ojáncano); la
monuca y el cuegle de la mitología cántabra; los leshii de la mitología rusa, que raptaban a los niños que aún no habían
sido bautizados o que estaban desatendidos, o bien los hacían sentirse
perdidos; las rusalkas, que se apoderaban de los niños pequeños y los
atormentaban; las harpías de la mitología griega, etc.
A pesar de la variedad, los mitos,
como los cuentos, son universales; y los monstruos, también. Siempre
encontramos seres monstruosos con características y funciones similares en
países alejados, lo que demuestra, por un lado, que el trasvase de mitos y
leyendas ha sido una constante a lo largo de la historia; por otro, demuestra
que los miedos, las preocupaciones, los enigmas son comunes a todos los seres
humanos. De ahí que prácticamente todas las culturas construyan sobre un mismo
esquema, aunque éste conozca distintas variantes: el héroe que se enfrenta a un
obstáculo, un adversario sobrenatural, que puede ser cualquier monstruo.
Estos
relatos de monstruos nacidos de la imaginación popular desempeñan una función
catártica. A través de ellos, el ser humano proyecta sus temores más variados
(el desamor, los celos, el desvalimiento, etc.) y escenifica, de un modo
indirecto, el mal y el sufrimiento. La incidencia de la realidad a través del
mito del monstruo, lejos de perderse, sigue vigente en nuestros días. Podemos
decir que ha pasado por tres etapas: en primer lugar, la preliteraria, basada
fundamentalmente en la tradición oral; en segundo lugar, la literaria, que se
consolida en el siglo XIX; y, en tercer lugar, la de los medios de comunicación
de masas.
En la actualidad, televisión y cine
producen sin cesar mezclas e híbridos de monstruos clásicos. Para profundizar
en ellos propongo las siguientes actividades:
1.
El gigante
es un elemento clave en la literatura (El
Gigante Egoísta de Oscar Wilde) y en el cine de ficción (Godzilla, monstruo prehistórico que ha
protagonizado más de 30 películas). El siglo XX ha engendrado monstruos más
acordes con la estética tecnológica en la que vivimos, como El gigante de hierro (1957) o Alien, el octavo pasajero (1979).
Piensa en estos y otros monstruos similares y describe los rasgos que los
caracterizan.
2.
Los
dragones han protagonizado infinidad de mitos y leyendas, sin embargo, no hay
muchas películas sobre ellos y solo, en contadas ocasiones, son los verdaderos
protagonistas. Hace unos años se llevó a la pantalla la producción española El caballero del dragón (1985).
Recientemente hemos podido ver Dragon
Heart (1996) y El Imperio del fuego
(2002). ¿Qué papel desempeña el dragón en estas películas?
3.
El mito de
Polifemo, el cíclope que se enamora de la bella Galatea, representa el eterno
tema de la bestia que se prenda de la bella. Este sentimiento ha sido llevado a
la pantalla en múltiples ocasiones. King Kong, por ejemplo, ha protagonizado
más de 14 películas. ¿Qué otros casos de humanización del monstruo conoces?
4.
Personajes
como Freddy Krueger en Pesadilla en Elm
Street, Michael Myers en La noche de Halloween, Jeepers Creepers,
etc. pueden considerarse como
versiones modernas de los asustaniños populares. ¿Qué otros personajes actuales
pueden ser reminiscencias de monstruos legendarios?
5.
Hay
monstruos que se caracterizan precisamente por su carácter informe. Es su
indefinición lo que causa pánico y los convierte en organismos desafíantes al
modo de Alien, La Cosa, etc. Describe
estos y otros monstruos similares que conozcas.
6.
El hombre
que se transforma en monstruo representa el miedo que el ser humano siente
hacia la parte animal que subyace en su interior (eterno conflicto manifestado
en Dr. Jekyll y Mr. Hyde). En esta
transformación se basan las series televisivas y cinematográficas que
protagonizan, entre otros, el hombre-lobo o el personaje de comic Hulk. Explica
a qué se debe la transformación que se produce en estos hombres-monstruos o en
otros que recuerdes.
7.
La sirena
es un personaje bastante popular que ha perdido el carácter negativo que
tradicionalmente se le asignaba. A su actualidad ha contribuido en gran manera
el cine y la literatura. En la película estadounidense Splash, la sirena es la que recibe las amenazas de la civilización
actual (aunque seduce al protagonista que acabará convertido en un pez).
Comenta recreaciones literarias o cinematográficas que supongan versiones
variadas de este u otros mitos.
8.
Prácticamente
todos los monstruos y seres fabulosos se han reflejado en el cine infantil,
donde podemos encontrar títulos como Godzilla
vs. el Monstruo del Smog, El Grinch,
Dragon Hill: la colina del dragón, Monstruos, etc. Describe el tipo de
monstruo y el papel que desempeña en estas u otras películas para niños que
conozcas.
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[1] Véase Gómez Couso (1993: 87) y Guerrero Salazar y Núñez Cabezas (2000).
[2] Sobre las brujas remito a Guerrero Salazar (2001).
[3] Cuentan los relatos de la España antigua que Sertorio, general romano que se puso de parte de lo iberos y luchó contra el despótico poder de Roma, capturó la ciudad de Tingis (Tánger), donde se hallaba la tumba del gigante Anteo. Sertorio, incrédulo, ordenó abrir el sepulcro en el que, efectivamente, encontró un esqueleto de treinta metros (Hernúñez 1988: 98).
[4] Según la tradición este drago es el que se encuentra hoy en los terrenos de la Facultad de Medicina de Cádiz (Hernúñez 1988: 13-17).
[5] Véase Liu Sanders (1984: 13-20).
[6] Véase Warner (1986: 72-76).
[7] Las bilinas son cuentos de héroes de la Rusia antigua en los que se mezcla realidad y ficción. Cuentan las batallas contra los enemigos, míticos e históricos, en los primeros siglos de existencia. Cercanos a la poesía, estos textos se cantaban o recitaban. Poseen diversos estilos y, con frecuencia, muchos episodios se repiten tres veces, ciertos nombres siempre se acompañan de sus epítetos y algunos episodios guardan relación de un texto a otro. Véase Warner (1986: 130).
[8] Véase Warner (1986: 125-129).
[9] Véase Flores del Manzano (1998: 84-85).
[10] Véase Fernán Caballero (1994: 435).
[11] Véase Martín Sánchez (2002: 236-246).
[12] Véase Homero, Odisea, IX, v. 106. Virgilio, Eneida, III, v. 617; VIII, v. 416. Ovidio, Metamorfosis, XIII, v. 760.
[13] Véase Flores del Manzano (1998: 84).
[14] Véase Flores del Manzano (1998: 104-111).
[15] Véase Hernúñez (1994: 13-44).
[16] Véase Liu Sanders (1984: 15-17).
[17] Véase Liu Sanders (1984: 33-34).
[18] Véase Gibson (1984: 71).
[19] Véase Gibson (1984: 96-98).
[20] Véase Hurtado (1989: 69-70).
[21] Véase Eslava Galán (1980).
[22] Véase Hernúñez (1994: 86).
[23] Véase Hernúñez (1988: 141).
[24] Véase Guerrero Salazar y Núñez Cabezas (1999).
[25] Véase Liu Sanders (1984: 121-124).
[26] Véase Liu Sanders (1984: 18).
[27] Véase Gibson (1984: 12-13).
[28] Véase Gibson (1984: 62-72).
[29] Véase Gibson (1984: 94).
[30] Véase Gibson (1984: 45).
[31] Véase Gibson (1984: 24).
[32] Véase Hernúñez (1994: 60-61).
[33] Esta creencia relaciona al basilisco con el mito de la Medusa Gorgona, que petrificaba a los hombres con su mirada. Perseo logró vencerla utilizando su escudo como espejo.
[34] Véase Hernúñez (1994: 62-63).
[35] Véase Hernúñez (1994: 87-88).
[36] Véase Flores del Manzano (1998: 84).
[37] Véase Gibson (1984: 60).
[38] Véase Gibson (1984: 126).
[39] Véase Warner (1986: 24-25).
[40] Véase Gibson (1984: 68, 106, 107).
[41] Véase Warner (1986: 100).
[42] Véase Guerrero Salazar y Núñez Cabezas (2000).
[43] Véase Gibson (1984: 76).
[44] Véase Homero, Ilíada, V, v. 741; VIII, v. 349; XI, v. 36; Odisea, XI, v. 623; Ovidio, Metamorfosis, IV, v. 765.
[45] Véase Homero, Odisea, XII, vv. 73, 104, 234, 430; Virgilio, Eneida, III, vv. 418 y 555; Ovidio, Metamorfosis, VII, v. 63.
[46] Véase Homero, Odisea, XII, vv. 80-100; Ovidio, Metamorfosis, VII, v. 62; XIII, v. 900; XIV, v. 59.
[47] Véase Gibson (1984: 150).
[48] Véase Hernúñez (1988: 122-123).
[49] Véase Hernúñez (1994: 72).
[50] Véase Homero, Odisea, XII, vv. 1-200; Ovidio, Metamorfosis, V, vv. 512-562.
[51] La sirena, entre los niños, es un personaje bastante popular, pues carece de significado negativo. A su actualidad ha contribuido el cine y la literatura recientes. Como ejemplo valga el relato La sirena en la lata de sardinas, que cuenta cómo este personaje fabuloso es encontrado en una lata de conservas; una vez fuera, adquiere el tamaño de un ser humano y, bella como una “Barbie”, deslumbra a toda la familia, que la mete en la bañera y no sabe muy bien qué hacer con ella. Finalmente, el padre decide devolverla a los mares del Sur; en mitad del viaje detiene el coche para “hacer pis”, la sirena se escapa, arrojándose al lago Constanza, donde vivirá (Pausewang 1997).
[52] Véase Warner (1986: 28-29).
[53] Véase Martín Sánchez (2002: 319).
[54] Véase Flores del Manzano (1998: 86-88).
[55] Véase Camus (1991) y Diéguez Margacho (1994).
[56] Véase Hernúñez (1994: 70-72).
[57] Estonia está situada en la orilla sur del Golfo de Finlandia. Su clima nórdico ocasiona fríos inviernos y grandes heladas. La ubicación del territorio y la historia de este pueblo han contribuido a que su repertorio cuentístico tradicional sea muy variado.
[58] Este episodio recuerda el mito de Tereo, Filomela y Progne. Tereo, casado con Progne, se enamoró de su cuñada Filomela, a quien violó. Con el fin de que no pudiese contar lo sucedido, le cortó la lengua y la encerró en una castillo; pero ella logró informar a su hermana bordando en una tela los acontecimientos. Progne se vengó matando a su hijo Itis y sirviéndolo como comida a su marido. Tereo, loco de dolor, persiguió a las dos hermanas, que imploraron misericordia a los dioses. Éstos, apiadados, transformaron a Filomela en ruiseñor, a Progne en golondrina y a Tereo en abubilla. Ovidio, Metamorfosis, VI, vv. 412-674.
[59] Esta transformación recuerda el mito del ave Fénix, un ave fabulosa relacionada en Egipto con el culto al Sol. Tenía sobre su cabeza un penacho, las plumas del cuello doradas, la cola blanca con manchas carmíneas y los ojos brillantes como estrellas. Cuando sentía que se iba a morir, fabricaba un nido con plantas aromáticas, se exponía a los rayos del sol, se tendía y moría quemado. De sus cenizas nacía un gusano que engendraba otro Fénix, el cual transportaba los restos de su padre hasta el altar del Sol en Egipto. Ovidio, Metamorfosis, XV, vv. 390-407.
[60] Véase VV.AA (1990: 93-94).
[61] Véase Gibson (1984: 67-68).
[62] Véase Gibson (1984: 93).
[63] Hernúñez (1994: 94-96).
[64] Hernúñez (1994: 90).
[65] Hernúñez (1994: 90-94).
[66] Liu Sanders (1984: 28).
[67] Véase Guerrero Salazar y Núñez Cabezas (2002).
[68] Véase Flores del Manzano (1998: 118).
[69] Véase Martín Sánchez (2002: 441).
[70] Véase Fernán Caballero (1994: 447-450).
[71] Véase Flores del Manzano (1998: 115).
[72] Véase Hernúñez (1994: 97).