PRIMERAS
APROXIMACIONES PARA UNA HISTORIA GENERAL DEL CINE FANTÁSTICO
Elena Galán Fajardo
“Esta
vida futura comienza sin que lo sepamos, cuando lejos de nuestro cuerpo,
intocables y transparentes, aparecemos desfigurados en los sueños de nuestros
seres más cercanos o en habitaciones desconocidas. Entramos sin hacer ruido, y
en esta vida del otro lado del espejo (donde siete años de mala suerte no duran
más que unos segundos) somos sombras, como aquellas que, más tarde, espaciarán
sus visitas antes de desaparecer para siempre”
Gérard
Macé
1. INTRODUCCIÓN. LOS INICIOS DEL FANTÁSTICO
Precisar qué es
el cine fantástico ha constituido el tema de discusión de numerosos autores,
surgiendo opiniones tan diversas como divergentes. Algunos investigadores
consideran que “lo fantástico” es una concepción por encima de los géneros, un
elemento que puede estar presente en distintas películas independientemente de
su clasificación; mientras otros, encuadran, bajo esta definición géneros como
la ciencia ficción y el terror. Por último, un tercer grupo de autores,
consideran “lo fantástico” de un modo autónomo con respecto a otros géneros
cercanos y relacionados en temas, técnicas y contenidos.
Daniel F. Ferreras[1]
recoge algunas de las teorías más destacables sobre “lo fantástico” entre las
que destaca la clasificación de Todorov, que subdivide la ficción no realista
en las categorías de “lo extraño”, “lo maravilloso” y “lo fantástico”, en su
intento por aclarar un concepto tan complejo y confuso. La diferencia entre estas
tres categorías radica en el modo de explicar los elementos sobrenaturales que
caracterizan este tipo de relatos. Si al final del mismo los hechos se
resuelven de manera racional, estaremos ante “lo insólito”; si por el
contrario, el fenómeno sobrenatural permanece sin una explicación de este tipo,
estaríamos ante “lo maravilloso”. Y entre ambas fronteras o categorías se
encontraría” lo fantástico”, cuando la resolución resulte ambigua para el
espectador, pudiendo optarse por una opción u otra. Desde este punto de vista
nos encontraríamos ante la primera de las clasificaciones en la que “lo
fantástico” no englobará cualquier tipo de género donde la realidad sufra una
transformación sino que dependiendo de la explicación que se dé a los hechos
que en ella transcurren y a la historia que contenga, podrá englobarse en una u
otra tipología. Por lo que cualquier género, dependiendo de su argumento y la
estructura del discurso, podrá pertenecer a “lo fantástico”, bien se trate de
una película de aventuras, una histórica o una comedia. Esta postura es
defendida por Jean-Louis Leutrat en su libro Vida de fantasmas. Lo fantástico
en el cine. En primer lugar, considera “lo fantástico” como un efecto,
intentando además explicar su alcance no ya como género sino como una forma de
lo cinematográfico, sin pretender entrar en la clásica clasificación entre
géneros y subgéneros[2].
Como hemos visto, también
hay otros autores que otorgan a “lo fantástico” la categoría propia de género,
concediendo a la ciencia ficción, el terror, etc… la función de hijos menores o
subgéneros, a pesar de que las fronteras entre ambos no estén claramente
definidas y, por último, otros autores como Carlos Losilla en El cine de terror[3],
piensan que la ciencia ficción y el terror son
géneros en toda regla al poseer una iconografía, unos contenidos, unas
leyes determinadas y una narrativa específica y diferenciadora.
“El
cine de terror sólo parcialmente puede incluirse en el cine fantástico, sólo
algunos de sus productos coinciden en sus postulados con el fantastique afirmado por Lenne. En otras
palabras, la existencia de un gran número de películas de terror que carecen de
elementos fantásticos –es decir, que no pueden definirse mediante su relación
con el concepto más común de realidad- subraya la necesidad de arrancar al cine
de terror de los dominios del fantastique y otorgarle un estatuto privado,
único, que no se vea obligado a compartir con ningún otro tipo de filmes, tal y
como sucede con el melodrama, la comedia o el cine negro[4]”
Por tanto, la confusión y
las opiniones a menudo mezclan géneros, subgéneros, narrativas y contenidos en
un mágnum de historias que parten de un punto común: estar basadas en una
realidad que deforman, que transforman, que utilizan, sin dejar de ser
reconocible y, sirviéndose para ello de diversas intenciones e incluso
combinándolas. Los géneros se entremezclan y confunden e incluso dan lugar a
géneros nuevos: el terror y el humor, la ciencia ficción y el terror, lo
fantástico y lo absurdo…Por lo que el intento de buscar una única solución nos
sumerge en un laberinto de dudosa salida.
Y si la primera pregunta que
nos hacíamos era acerca del concepto de “lo fantástico”, la segunda debería ser
acerca de su origen y procedencia. ¿desde cuándo existe “lo fantástico”?¿tiene
sus raíces en la mitología?¿es “lo fantástico” una forma de evasión del hombre
de la realidad que le rodea, como sucedió en EEUU a finales de los años
20?¿puede existir el ser humano sin estos relatos? Preguntas de complicada
respuesta y con un interesante enfoque antropológico acerca de la capacidad
innata del hombre para crear relatos, incluso en una época en la que nuestro
conocimiento está llegando a unos niveles donde lo que no es demostrable por la
ciencia, no existe. Pero ¿por qué necesitamos entonces la fantasía?
Para comenzar nuestro
recorrido por estos inmensos abismos del inconsciente, de lo más profundo de la
mente humana a lo largo de la historia del cine, debemos plantearnos la
pregunta sobre la que venimos divagando durante esta introducción y que podría
resumirse en una sola frase ¿qué es “lo fantástico”?
2.
LO FANTÁSTICO EN EL CINE
Si tenemos en cuenta lo que
por el término “fantástico” entiende el diccionario de la Real Academia Española, nos encontraríamos ante algo fingido, quimérico, que no tiene
realidad y consistente sólo en la imaginación o perteneciente a la fantasía
y, por tanto, podríamos considerar en su totalidad el cine como algo
fantástico.
“Así
pues, por fantástico en el cine entendemos aquello que hay de fantástico en el
dispositivo en sí mismo así como los efectos fantásticos producidos por el cine
a través de los medios que le son propios”[5]
Lo
fantástico surge en un tipo particular de novelas y relatos que trataban lo
extraordinario y la ruptura con el orden reconocido del mundo, dando lugar a
una concepción que tenemos en la actualidad y con una serie de características
e indiosincrasias propias.
“(…) en el
terreno de lo fantástico existe la fascinación por el orificio, por el agujero.
Los lugares subterráneos y laberínticos, las criptas y lo arcaico, constituyen
un universo que las novelas negras llamadas góticas hicieron suyo y lo
convirtieron en algo familiar”[6]
Ya desde sus inicios, el
cine se ve atrapado entre dos corrientes opuestas y divergentes: la realidad y
la fantasía, con límites difíciles de precisar puesto que un musical también
podía ser fantástico ¿Quién ha visto a la gente en la realidad bailar y cantar
bajo la lluvia? Quizás la diferencia radique en que en el cine de realidad
existe la voluntad de mostrar el mundo sin que la ficción distorsione esta
realidad, mientras que en el cine fantástico, la clave está precisamente en
hacer visible esa transformación.
Llegados a este punto, el género fantástico será aquel que tenga como fundamento una serie de sucesos extraordinarios que el espectador debe admitir como ciertos en la ficción a pesar de no creer en ellos en su vida real, dando lugar a numerosas posibilidades: desde las más ancestrales mitologías, a los cuentos, las leyendas, la ciencia ficción, el terror.
Réne Predal afirma que el fantastique no es un género cinematográfico codificado, reconocible, provisto de reglas como por ejemplo la comedia musical o el western y que responde más a la necesidad de establecer unas etiquetas comerciales al producto cinematográfico.
“De este modo, aglutinador de
códigos y tendencias, el cine fantástico se niega a sí mismo como género,
traspasa fronteras, comparte reglas y se dispersa en múltiples iconografías[7]”
Sin embargo, los críticos anglosajones suelen rechazar la inclusión de géneros como el terror en el llamado fantastique, alegando por lo general la insuficiencia del término para revelar la totalidad de sus propuestas[8].
“De este modo, falto de un
marco genérico convincente reducido abruptamente a su enfrentamiento con la
realidad, el fantastique no tiene otro remedio que autoproclamarse como
categoría, un macrogénero no en el
sentido de conjunto de géneros, sino en el de algo que va más allá de los
géneros, situándose en sus márgenes e influyendo en ellos desde el exterior”[9].
3. EVOLUCIÓN
DEL CINE FANTÁSTICO
Aunque
básicamente integrado por el cine de terror y el de ciencia ficción según la
mayoría de los autores, el cine fantástico abarca otros subgéneros e incluso se
combina con otros géneros principales. No es extraño encontrar en una película
una mezcla del género de ciencia ficción con el de aventuras, o descubrir que
tras un inquietante thriller se
esconde un película de terror, lo que hace más difícil su clasificación. Pero
no daremos más vueltas sobre este asunto, ya que sería entrar en los peligrosos
y complicados límites entre géneros y subgéneros que hemos planteado en la
introducción. Nos adentraremos ahora en la evolución del género, citando sus
películas más representativas de una larga lista de la que, sin duda alguna,
faltarán nombres importantes, pero que simplifica una extensísima filmografía
para dibujar una evolución de un modo claro y conciso.
Como dijimos
anteriormente, desde los orígenes del cine podemos encontrar dos corrientes,
una más realista representada por los hermanos Lumiere, que propició el nacimiento del invento y preocupada por
retratar la realidad tal y como era; y una segunda corriente más inclinada
hacia la magia y la fantasía, representada entre sus pioneros por el francés
George Méliès, cuya película más conocida sería Viaje a la Luna (1902).
En nuestro país,
el también pionero Segundo de Chomón demostró con obras como El Hotel eléctrico (1905), cuyo
argumento gira en torno a un hotel en el que todo funciona de manera
automática, que aún con unos primitivos medios se podía hacer cine fantástico,
como también lo demuestran otras obras suyas de ciencia-ficción como Viaje al fondo de la Tierra (1908).
Pero
fue en Alemania donde surgió un cine que revolucionaría la historia de la
cinematografía y del fantástico: El expresionismo alemán. En 1913, George Fuchs
fundaba el Teatro Artístico de Munich, donde se asentarían las bases de la
escenografía expresionista[10].
El movimiento surge en una época en que el país se encontraba en plena crisis
económica y moral. En el campo del cine, su importancia fue tal que los géneros
(incluido el fantástico) que hoy conocemos, seguramente no serían igual sin su
existencia. Actores como Conrad Veidt o Max Schreck, o los directores Robert
Wiene, F. W. Murnau o Fritz Lang crearon un cine nuevo, innovador, en el que
surgirían o se asentarían temas como el del vampirismo, los científicos locos y
ambiciosos, la creación artificial de vida, los pactos con el diablo, o los
viajes espaciales. Sin embargo, el expresionismo alemán tendrá como tema
esencial el terror, como demuestran las películas Nosferatu de Murnau y el
Estudiante de Praga, de Paul Wegener, estrenada ese mismo año. Otros
clásicos serían El Gabinete del Doctor
Caligari (1917) o Metrópolis
(1926) dirigida por Fritz Lang.
Con
el auge del nazismo varios de los responsables de este cine emigraron a los
Estados Unidos. Se había acabado su etapa europea, pero estaban ya creando una
época gloriosa de cine de terror que tendría a los estudios Universal como
mejor ejemplo.
El
primer fantástico en otros países. Películas sonoras.
El éxito
del Cantor de Jazz supuso una
convulsión en el mundo del cine, permitiendo a la industria lo que llevaba
buscando durante bastante tiempo: la posibilidad de hacer películas habladas.
Pero no será hasta los años 20 cuando surja el verdadero sonoro sincronizado,
en Alemania con un método llamado “Tri-Ergon Process” y en EEUU con el
“Vitaphone”[11]. El cine
fantástico se enriquecerá con la introducción del sonido, provocando una serie
de efectos en el espectador, inconcebibles hasta ese momento.
No sólo en
Alemania o Estados Unidos se hicieron películas de cine fantástico, aunque
fueron casos en ocasiones aislados y sin continuidad. Desde la Unión Soviética
surgió una película clásica de ciencia-ficción (y con marcado cariz político), Aelita, sobre el primer viaje a Marte en
el que se embarcan un soldado, un confidente de la policía y un inventor, para
acabar encontrándose una revolución en curso en dicho planeta.
René Clair con París dormido, combinaba crítica social
y fantasía en la que un rayo inmoviliza a gran parte de la población de París,
demostrando como en el caso soviético que el cine fantástico podía y debía
implicarse en los temas que atañen a la sociedad.
En Dinamarca
(aunque rodada en Suecia) Benjamín Christensen creó Haxan (1922), una especie de documental sobre el mundo de la
brujería con escenas de bacanales o juicios por parte de la Santa Inquisición a
brujas, con la idea de que fuera una crónica lo más realista posible del mundo
del satanismo desde la Edad Media hasta nuestros días[12].
La
evolución en EEUU. El fantástico sonoro
En EEUU, el Dr. Jeckyll y Mr. Hide continuaba su
evolución en el celuloide con El hombre y
la bestia de 1920. El protagonista de esta versión es Fredric March, John
Barrymore, Sepencer Tracy y Jean Louis Barrault[13],
mostrando uno de los temas más fecundos en el cine fantástico y procedente como
gran parte de ellos de la literatura: la dualidad del ser humano.
Asimismo el
mundo de Las mil y una noches llegaba
a las pantallas en El ladrón de Bagdad
de 1924, dirigida por Raoul Walsh,
mientras que Hebert Brenon dirigirá
la novela de J. M. Barrie en Peter Pan de 1924.
Dentro de la
ciencia-ficción más apocalíptica se presentó The Last Man on Earth (1924, Sydney
Salkow), sobre el único hombre que sobrevive a una plaga que hace que
desaparezcan el resto de los hombres, convirtiéndose en objeto de deseo de
todas las mujeres del planeta. También en esta época surgieron las primeras
cintas sobre casas encantadas repletas de misterio como The Bat (1926, Roland
West), El legado misterioso (1927, Paul Leni) o The Haunted
House (1928, Benjamín Christensen),
antecedente de su remake más actual The
Haunting.
Esta prolífica época del fantástico (y del cine en
general) se cerró con la aparición del cine sonoro y la consolidación de los
grandes estudios de Hollywood.
Años treinta
La década de los
años treinta comienza con el éxito de Bela
Lugosi encarnando a Drácula, lo
que proporcionó sustanciales beneficios a su productora, La Universal (creada
en 1931), que decide explotar el filón y producir numerosos largometrajes de
terror durante los siguientes años, cambiando el curso de lo fantástico hasta
la fecha.
“La Universal logró mantenerse a flote gracias al éxito de
sus películas de terror, y tal y como sucede a menudo en la historia del cine,
es éxito fue totalmente inesperado”[14]
En una
época en que los Estados Unidos se encontraban inmersos en una grave depresión
económica, el cine de terror, suspense, fantasía o ciencia-ficción se
convirtieron en la mejor manera de olvidar los problemas cotidianos que
acuciaban a la sociedad norteamericana. De hecho, en 1931 se estrena Frankenstein, dirigida por James Whale e
interpretada por Boris Karloff, éste último procedente del mundo del teatro,
que tras el éxito de esta película se ve condenado para siempre a olvidar su
variado pasado artístico y a representar continuamente películas de terror[15].
Un año después, en 1932, Tod Browning dirige Freaks, la parada de los monstruos, interpretada por auténticos
deformes de feria y Orson Welles emite por radio La guerra de los mundos, aterrorizando a todos los Estados Unidos.
La RKO se mostró
como uno de los estudios rivales de Universal, apostando por la imaginación más
que por el despliegue técnico, por la sugerencia más que por la evidencia. De
la RKO nacieron obras maestras como El
malvado Zaroff (1932, Ernest B. Schoedsack) un filme sobre la caza del
hombre y King Kong (1933, Ernest B. Schoedsack
y Merian C. Cooper), una versión del mito de la bella y la bestia.
En el rodaje de King
Kong se elaboró una gigantesca maqueta cubierta por la piel de treinta osos
y que era manejada por seis hombres en su interior. Para reproducir los sonidos
del mono golpeándose en el pecho se empleó, en primer lugar, un timbal, pero la nota obtenida no gustó al
especialista y el director quiso probar con carne antes de recurrir al archivo.
Puso a un mocetón junto al micrófono, un ayudante le aplicó el diafragma del
aparato a la espalda, mientras el director empezó a golpear el pecho del
sustituto de la fiera, con el palillo, primero con golpes leves, que poco a
poco fueron tomando fuerza. Esta vez los técnicos quedaron conforme con las notas bajas de los golpes, aumentando
su volumen.
En la filmación de la escena
culminante, desde lo alto de una torre que sobresalía entre los rascacielos de
Nueva York, el monstruo se defendía contra una escuadrilla de aviones, y
alternativamente lanzaba terribles bramidos contra sus voladores adversarios, y
profundas y guturales notas de amor a la figura de una muchacha en peligrosa
posición sobre una cornisa, a mucha distancia de la calle. Para reproducir los
bramidos en los archivos tenían almacenadas las voces de cuantos animales
pudieran utilizarse en la pantalla, desde el rugido del león, hasta el cacareo
de la gallina. Pero King Kong no era
una bestia vulgar, sino un mito, y no se le podían atribuir los sonidos
naturales de un animal, porque el público los habría reconocido. Además todos
los bramidos resultaban cortos para el mecanismo de la gigantesca maqueta, que
todavía, después de acabar el bramido, seguía con las fauces abiertas. Tras
elegir uno de los más potentes rugidos de la colección, tras laboriosas combinaciones
y empalmando cuatro de estos rugidos, se consiguió el escalofriante bramido.
Pero ¿y los arrullos de amor que lanzaba a la muchacha? Faltaban precedentes
que pudieran servir de base, se consultó hasta con el director del Museo de
Historia Natural de los Angeles El director de la película dispuso que un
operario, conocido por su voz de bajo profundo, se acercara al micrófono y a
través de la bocina lanzara acompasados r-r-r-ump, r-r-r-ump, r-r-r-ump, y
estos guturales y graves arrullos quedaron como norma de lo que debía ser la
llamada al amor.
Cuando King Kong se pasea, sus
pisadas sobre la arena se consiguió gracias al acompasado golpeteo de dos mazas
de plomo sobre un cojín relleno de cascajo. El sonido se añadía a las escenas
filmadas. Dos años enteros costó la
preparación de esta película[16].
Otros grandes
títulos de estos años fueron The Deluge (1933, Felix E. Feist) filme que hasta hace poco se daba por perdido y que
nos muestra la desolación que produce una ola gigante sobre la ciudad de Nueva
York, El hombre que vendió su alma (1941, William S. Dieterle) con un hombre que vende su alma al Diablo y
que luego pretende recuperar, La mujer
pantera (1942, Jacques Tourneur)
y Yo anduve con un zombie (1943, Jacques Tourneur) una poética visión del
camino a la muerte.
Tambié3n
destacaron El caserón de las sombras
(The old dark house, 1932, James Whale), acerca de algunos
forasteros que se ven imposibilitados a continuar su viaje y deben alojarse en
una vieja casa con extraños habitantes o El
doble asesinato en la calle Morgue (1932, Robert Florey), en la que un científico loco usa un gorila para
cometer horribles crímenes, basado en otra de las conocidas novelas de Edgar Allan Poe.
La momia (1932, Karl W. Freund) fue un nuevo reto de Karloff creando personajes del cine de horror, en esta ocasión de
un Egipto donde se une la leyenda y la sed de mal. Otro filme de la Universal
fue El hombre invisible (1933, James Whale), basada en la obra de
ciencia-ficción de H.G. Wells, trata
sobre un hombre que adquiere el don de no ser visto y lo emplea para malvados
fines, también reactualizado en un remake reciente. Asimismo volvieron a
trabajar juntos Karloff y Lugosi,
en Satanás (1934, Edgar G. Ulmer) un aterrador filme sobre
un arquitecto que pacta con el mal y El
cuervo (1935, Louis Friedlander). En 1935, surge uno
de los grandes filmes de la historia del fantástico, La novia de Frankenstein. Por otro lado, El lobo humano (1935, Stuart
Walker), asienta las bases sobre el mito del hombre lobo.
En los años siguientes
la Universal relegó sus películas fantásticas al rincón de las cintas de poco
presupuesto, de ahí que cada vez se les dedicara menos recursos y, las
historias, salvo en ocasiones puntuales, se convertían en relatos de lo más
banal. La torre de Londres será una
de las pocas excepciones. El final de una etapa había llegado, pero el saldo no
se puede decir que sea negativo: se crearon y dieron vida a personajes clásicos
del terror como Drácula, el monstruo
de Frankenstein, la Momia, el Hombre Lobo o el Hombre
Invisible. Asimismo, se formó un star
system del fantástico con actores como Boris
Karloff, Bela Lugosi, Basil Rathbone, John Carradine, Lon Chaney Jr., Claude
Rains, Evelyn Ankers o Acquanetta. Lo que vino después fue Serie B o
parodias de un estilo de hacer cine que marcó toda una época.
La serie B, a
menudo objeto de afirmaciones infundadas, engloba a toda una serie de películas
producidas en Hollywood durante la “época clásica” o “época dorada”, es decir,
entre la década de los treinta y los cincuenta y caracterizadas por sus bajos
presupuestos, la ausencia de grandes estrellas o cineastas de prestigio, los
rodajes rápidos y un metraje no demasiado extenso, en ocasiones de alrededor de
una hora, que no solían superar los noventa minutos [17]
En ocasiones se
habla de manera demasiado positiva hacia el cine de serie B, siendo éste un
poco no demasiado objetivo, teniendo en cuenta que junto a las grandes
películas que nos dejó esta época están otra de muy dudosa calidad. Sin
embargo, en esta época surgieron numerosos directores que colaboraron en la
creación de una serie de patrones narrativos que han contribuido en la
evolución del género y del cine en general.
Por otro lado,
la serie B no fue una serie de películas cutres ni cualquier otro tipo de cine
de bajo presupuesto, sino una versión reducida del cine de serie A, pero sin
realizadores conocidos.
Históricamente,
la serie B nació como consecuencia de la crisis económica que sufrieron los
Estados Unidos a raíz del crack bursátil de 1929. El descenso de la población
en las salas de cine hizo que se creara El programa doble, la oferta de dos
largometrajes al precio de uno, siendo el primero de ellos de serie A y el
segundo de serie B. La medida tuvo tal éxito que la mayor parte de las grandes
productoras de Hollywood crearon sus departamentos de cine de Serie B [18]
Aunque el cine
de serie B comenzó a decaer lentamente en el año 1948, momento en que se
prohíbe en EEUU la organización vertical de la industria cinematográfica,
provocando que las majors se deshagan de su red de salas, las películas de bajo
presupuesto siguieron realizándose durante la década de los 50.
Años
cincuenta. La conquista de otros mundos.
A partir de
1950, el público, cansado de los monstruos de novela, mira hacia las estrellas
en busca de nuevas emociones. Es la hora de las invasiones extraterrestres, los
monstruos mutantes y los viajes espaciales. En 1951, Robert Wise dirige Ultimátum
a la Tierra. En 1953, la televisión comienza a ser un rival de entidad para
el cine. Para competir con ella, se crean los películas en tres dimensiones que
tendrán un éxito considerable durante un tiempo, hasta la llegada del
Cinemascope. Las primeras películas en este formato serán Los Crímenes del Museo de Cera y
La Invasión de los ladrones de cuerpos. También por esa época, resurge el
interés por los monstruos clásicos que ya aparecieron en los años treinta.
En 1960, Alfred Hitchcock dirige Psicosis. Ese mismo año, Michael Powell estrena el Fotógrafo del Pánico. Los
trastornados Mark y Norman Bates abren la puerta del cine de terror a los
asesinos en serie. Ese mismo año, Roger
Corman dirige la Pequeña Tienda de
los Horrores y La Caida de la Casa
Usher, basada en una novela del gran maestro del género Edgar Allan Poe. 1963 es también el año
de nacimiento del cine gore. La sangre se convierte en un ingrediente
primordial. En 1964 aparece 2000 Maníacos
consagrando el género[19].
Mientras, los
monstruos clásicos siguen ocupando su lugar en el cine, dando lugar a versiones
dispares a medida que el género evoluciona, en España, Jesús Franco protagoniza el resurgimiento de la historia nacional
del género fantástico con Miss Muerte
(1965).
En esta década
se estrenan tres de las grandes
películas del género: 2001, Una Odisea
del Espacio, La Semilla del Diablo
de Roman Polanski, película que al
igual que Portergeist terminó con
desgraciadas consecuencias para los participantes en el proyecto, y la Noche de los Muertos Vivientes.
En la primera
mitad de la década, los clásicos de los sesenta siguen en auge, mientras que a
partir de 1975 surgen algunas novedades, nuevas ideas y directores.
Paralelamente, el cine fantástico español sigue en auge, tal y como demuestra
la publicación de la revista Terror Fantastic,
pionera dentro del país.
En 1971, Roger Corman abandona la dirección y
funda la New World Pictures, donde se
formarán los futuros grandes creadores del género. Ese mismo año, Steven Spielberg dirige el Diablo sobre Ruedas y Vincent Price interpreta el Abominable Dr. Phibes. Pero la
película más destacada de ese año serán otras como La Naranja Mecánica de Stanley
Kubrick, que muestra un horror más cotidiano y marca uno de los hitos de la
época. Tobe Hooper impacta a la
audiencia con La matanza de Texas,
cruenta parodia de la familia de la América profunda.
En 1974, la
primera película internacional de David
Cronenberg, Vinieron de Dentro de
presenta por fin algunas de las novedades de la nueva etapa. En 1976, Brian de Palma dirige Carrie, basada en la novela de Stephen King. El éxito propicia
innumerables adaptaciones de la obra del escritor.
La
Guerra de las Galaxias
se estrena en 1977 y la película se convierte en todo un fenómeno social y
cinematográfico. Personajes como Darth Vader pasan a convertirse en parte de la
cultura popular y uno de los referentes más inmediatos a la hora de hablar de
cine fantástico.
Los años ochenta
comienzan con la segunda parte de La
guerra de las galaxias, El imperio
contraataca, tan ansiada por el público y tan bien aceptada. A su sombra se
estrenan Vestida para matar, de Brian de Palma, donde el director se
confirma como el sucesor de Hitchcock,
y el Resplandor, de Stanley Kubrick, otra adaptación de las
novelas de Stephen King.
En el 1982, Spielberg vuelve a sorprendernos con E.T. el Extraterrestre. Por otro lado,
se estrena La Cosa de John Carpenter y tres años después de la
segunda parte, se cierra la trilogía más exitosa de todos los tiempos con El Retorno del Jedi.
Joe Dante también aporta al género nuevas ideas
con sus tiernos y, a la vez, crueles Gremlins
mientras Wes Craven estrena Pesadilla en Elm Street. Pero si
hablamos de ciencia ficción, no podemos pasar por alto dos de las grandes
películas del género rodadas en esta década. Una es Aliens, el Regreso (1986) de James
Cameron, la otra, la inmejorable Blade
Runner (1982), de Ridley Scott.
Ambas dejan marcadas las vías por las que se moverá la ciencia ficción
posteriormente.
Para acabar con
esta década, mencionaremos Henry, Retrato
de un Asesino en la que John
McNaughton ofrece una perspectiva real de un psycho killer (de hecho, se basaba en hechos reales), rompiendo con
los anteriores asesinos de la década (de corte más sobrenatural).
El
género fantástico sigue evolucionando en España, lo que da lugar a la aparición
de distintos festivales donde coinciden directores, principiantes y un público
asiduo a este tipo de películas. Hablamos de la I Semana de Cine de Terror de
San Sebastián. Posteriormente y en años sucesivos aparecen otros festivales de
gran importancia como el de Málaga o Sitges.
Pero los avances
técnicos que también han llegado al mundo del cine, transforman la estética de
las películas, mientras otros directores, más tradicionales en sus temas
inspirados en “lo maravilloso” como Tim
Burton revitalizan el mito de Frankenstein, encarnado en este caso en una
inocente y encantadora criatura, Eduardo
Manostijeras. Algo similar hará Coppola con Drácula, endulzando el mito y convirtiéndolo en historia de amor al
más puro estilo de La bella y la bestia.
El cuervo
destacará también por sus decorados, a medio camino entre lo siniestro y lo
irreal, y con una mezcla de estéticas diferentes creadas por ordenador, con el
que se consigue una ciudad laberíntica y oscura a la vez que se recrea de un
modo digital a su protagonista, fallecido durante el rodaje en extrañas
circunstancias.
Durante los
últimos años del siglo, el cine fantástico toma diversas direcciones, muchas de
ellas apuntan al apocalipsis y al terror. Ese mismo año, Terry Gilliam dirige la pesimista 12 Monos. El público americano se vuelve violento con Asesinos Natos de Oliver Stone y Abel Ferrara
crea una metáfora entre la drogadicción, el sida y el vampirismo en The Adiction.
En 1995, Alex de la Iglesia nos asombra con el Día de la Bestia, un salto de calidad
del género en España un año antes de que otro director joven, Robert Rodríguez, triunfe con Abierto Hasta el Amanecer, con guión de Quentin Tarantino. Ese año se estrenaban
en España Killer Barbies, de Jesús Franco y La Lengua Asesina, de Alberto
Sciamma sin llegar a acercarse a los registros de El Día de la Bestia.
En España, La Comunidad se presenta en el Festival
de San Sebastián, se convierte en la película española más taquillera del año.
Pero la estrella del mes fue el reestreno de El Exorcista, de William
Friedkin, con nuevas escenas eliminadas del montaje original. El Proyecto de la Bruja de Blair será
también una de las películas más polémicas, apoyada por su extensa publicidad a
través de internet y de la que todo el mundo hablaba incluso antes de
estrenarse. Sin embargo, tanta expectación decepcionará en la segunda parte,
titulada El libro de las sombras, que
contará con más medios técnicos pero con una historia más pobre.
Posteriormente
se estrenan algunas películas como El
Grinch (Ron Howard), El Sexto Día y, sobre todo, El Protegido. Por otro lado, la versión
cinematográfica de Dragones y Mazmorras
(Courtney Solomon) desencanta a sus
seguidores y lo mismo sucede con Drácula
2000 de Wes Craven.
Novedades como The ring, en su versión japonesa y
posteriormente americana, El señor de los
anillos y Underworld, nos
trasladan a historias diferentes pero impactantes. Pero sin duda, habremos
dejado en el camino películas tan emblemáticas como Regreso al futuro, The cube, Minority
Report y muchas más, pues lo que pretendemos no es tanto hacer una
detallada lista de películas fantásticas como ofrecer una visión general acerca
de la evolución del género.
El nuevo siglo ha continuado trayendo nuevas películas, en su
mayoría segundas partes como Las dos
torres o adaptaciones de cómics como Hulk,
X-Mex o Daredevil. Tendremos que esperar para ver qué nos depara el futuro
y si seguimos evolucionando o hemos caído en un desgaste absoluto de
creatividad.
BIBLIOGRAFÍA Y LECTURAS RECOMENDADAS
BONIFACI, NEURO. Teoría del fantástico, Longo A., 1982.
CHANADY, AMARYLL, B. Ciclo de conferencias en torno a la literatura fantástica, Ediciones
Siruela, Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Sevilla, 1984.
BORGES, JOSE LUIS. Cuentos de Lorge Luis Borges. Godfrey (Illinois): Monticello
College, 1958.
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TODOROV, TZVETAN. Introduction a la litterature fantastique. París, Seuil, 1970.
[1] Lo fantástico en el cine.
De Edgar Allan Poe a Freddy Krueger,
Ediciones Vosa, Madrid, 1995 (1ª Ed.), p. 13-15.
[2] Leutrat, Jean- Louis, Vida de fantasmas. Lo fantástico en el cine, Ediciones de la Mirada, valencia, 1995, p. 25
[3] Losilla, Carlos, El cine de terror. Una introducción, Edición Paidós, Buenos Aires, 1993.
[4] Ibídem, p. 42
[5] Leutrat, Jean-Louis, op. cit. p. 12
[6] Leutrat, Jean-Louis, op. cit, pp.
26
[7] Losilla, Carlos, op. cit, p. 38.
[8] Ibídem, p. 39.
[9] Ibídem, p. 40
[10] www.fantasticfactory.com
[11] Medina,
Francisco (coordinador), Gran historia
ilustrada del cine, Editorial SARPE, Madrid, 1984, p. 224.
[12] www.fatasticfactory.com
[13] Medina, Francisco (coordinador), op. cit. pp 206.
[14] Ibídem, pp. 225
[15] Ibídem pp. 227
[16] “King Kong” en Films Selectos, 2 de diciembre de 1933, nº 164.
[17] Fernández Valentí, Tomás, “La gran cantera del cine pequeño” en Dirigido,
Octubre de 2003, p. 55.
[18] Ibídem Fernández
Valentí, Tomás, p.
[19] www.fantasticfactory.com