PRIMERAS APROXIMACIONES PARA UNA HISTORIA GENERAL DEL CINE FANTÁSTICO

Elena Galán Fajardo

 

 

“Esta vida futura comienza sin que lo sepamos, cuando lejos de nuestro cuerpo, intocables y transparentes, aparecemos desfigurados en los sueños de nuestros seres más cercanos o en habitaciones desconocidas. Entramos sin hacer ruido, y en esta vida del otro lado del espejo (donde siete años de mala suerte no duran más que unos segundos) somos sombras, como aquellas que, más tarde, espaciarán sus visitas antes de desaparecer para siempre”

Gérard Macé

 

1. INTRODUCCIÓN. LOS INICIOS DEL FANTÁSTICO

 

Precisar qué es el cine fantástico ha constituido el tema de discusión de numerosos autores, surgiendo opiniones tan diversas como divergentes. Algunos investigadores consideran que “lo fantástico” es una concepción por encima de los géneros, un elemento que puede estar presente en distintas películas independientemente de su clasificación; mientras otros, encuadran, bajo esta definición géneros como la ciencia ficción y el terror. Por último, un tercer grupo de autores, consideran “lo fantástico” de un modo autónomo con respecto a otros géneros cercanos y relacionados en temas, técnicas y contenidos.

 

Daniel F. Ferreras[1] recoge algunas de las teorías más destacables sobre “lo fantástico” entre las que destaca la clasificación de Todorov, que subdivide la ficción no realista en las categorías de “lo extraño”, “lo maravilloso” y “lo fantástico”, en su intento por aclarar un concepto tan complejo y confuso. La diferencia entre estas tres categorías radica en el modo de explicar los elementos sobrenaturales que caracterizan este tipo de relatos. Si al final del mismo los hechos se resuelven de manera racional, estaremos ante “lo insólito”; si por el contrario, el fenómeno sobrenatural permanece sin una explicación de este tipo, estaríamos ante “lo maravilloso”. Y entre ambas fronteras o categorías se encontraría” lo fantástico”, cuando la resolución resulte ambigua para el espectador, pudiendo optarse por una opción u otra. Desde este punto de vista nos encontraríamos ante la primera de las clasificaciones en la que “lo fantástico” no englobará cualquier tipo de género donde la realidad sufra una transformación sino que dependiendo de la explicación que se dé a los hechos que en ella transcurren y a la historia que contenga, podrá englobarse en una u otra tipología. Por lo que cualquier género, dependiendo de su argumento y la estructura del discurso, podrá pertenecer a “lo fantástico”, bien se trate de una película de aventuras, una histórica o una comedia. Esta postura es defendida por Jean-Louis Leutrat en su libro Vida de fantasmas. Lo fantástico en el cine. En primer lugar, considera “lo fantástico” como un efecto, intentando además explicar su alcance no ya como género sino como una forma de lo cinematográfico, sin pretender entrar en la clásica clasificación entre géneros y subgéneros[2].

 

Como hemos visto, también hay otros autores que otorgan a “lo fantástico” la categoría propia de género, concediendo a la ciencia ficción, el terror, etc… la función de hijos menores o subgéneros, a pesar de que las fronteras entre ambos no estén claramente definidas y, por último, otros autores como Carlos Losilla en El cine de terror[3], piensan que la ciencia ficción y el terror son  géneros en toda regla al poseer una iconografía, unos contenidos, unas leyes determinadas y una narrativa específica y diferenciadora.

 

“El cine de terror sólo parcialmente puede incluirse en el cine fantástico, sólo algunos de sus productos coinciden en sus postulados con el fantastique afirmado por Lenne. En otras palabras, la existencia de un gran número de películas de terror que carecen de elementos fantásticos –es decir, que no pueden definirse mediante su relación con el concepto más común de realidad- subraya la necesidad de arrancar al cine de terror de los dominios del fantastique y otorgarle un estatuto privado, único, que no se vea obligado a compartir con ningún otro tipo de filmes, tal y como sucede con el melodrama, la comedia o el cine negro[4]

 

Por tanto, la confusión y las opiniones a menudo mezclan géneros, subgéneros, narrativas y contenidos en un mágnum de historias que parten de un punto común: estar basadas en una realidad que deforman, que transforman, que utilizan, sin dejar de ser reconocible y, sirviéndose para ello de diversas intenciones e incluso combinándolas. Los géneros se entremezclan y confunden e incluso dan lugar a géneros nuevos: el terror y el humor, la ciencia ficción y el terror, lo fantástico y lo absurdo…Por lo que el intento de buscar una única solución nos sumerge en un laberinto de dudosa salida.

 

Y si la primera pregunta que nos hacíamos era acerca del concepto de “lo fantástico”, la segunda debería ser acerca de su origen y procedencia. ¿desde cuándo existe “lo fantástico”?¿tiene sus raíces en la mitología?¿es “lo fantástico” una forma de evasión del hombre de la realidad que le rodea, como sucedió en EEUU a finales de los años 20?¿puede existir el ser humano sin estos relatos? Preguntas de complicada respuesta y con un interesante enfoque antropológico acerca de la capacidad innata del hombre para crear relatos, incluso en una época en la que nuestro conocimiento está llegando a unos niveles donde lo que no es demostrable por la ciencia, no existe. Pero ¿por qué necesitamos entonces la fantasía?

 

Para comenzar nuestro recorrido por estos inmensos abismos del inconsciente, de lo más profundo de la mente humana a lo largo de la historia del cine, debemos plantearnos la pregunta sobre la que venimos divagando durante esta introducción y que podría resumirse en una sola frase ¿qué es “lo fantástico”?

 

2. LO FANTÁSTICO EN EL CINE

 

Si tenemos en cuenta lo que por el término “fantástico” entiende el diccionario de la Real Academia Española, nos encontraríamos ante algo fingido, quimérico, que no tiene realidad y consistente sólo en la imaginación o perteneciente a la fantasía y, por tanto, podríamos considerar en su totalidad el cine como algo fantástico.

 

“Así pues, por fantástico en el cine entendemos aquello que hay de fantástico en el dispositivo en sí mismo así como los efectos fantásticos producidos por el cine a través de los medios que le son propios”[5]

 

            Lo fantástico surge en un tipo particular de novelas y relatos que trataban lo extraordinario y la ruptura con el orden reconocido del mundo, dando lugar a una concepción que tenemos en la actualidad y con una serie de características e indiosincrasias propias.

 

“(…) en el terreno de lo fantástico existe la fascinación por el orificio, por el agujero. Los lugares subterráneos y laberínticos, las criptas y lo arcaico, constituyen un universo que las novelas negras llamadas góticas hicieron suyo y lo convirtieron en algo familiar”[6]

 

Ya desde sus inicios, el cine se ve atrapado entre dos corrientes opuestas y divergentes: la realidad y la fantasía, con límites difíciles de precisar puesto que un musical también podía ser fantástico ¿Quién ha visto a la gente en la realidad bailar y cantar bajo la lluvia? Quizás la diferencia radique en que en el cine de realidad existe la voluntad de mostrar el mundo sin que la ficción distorsione esta realidad, mientras que en el cine fantástico, la clave está precisamente en hacer visible esa transformación.

 

Llegados a este punto, el género fantástico será aquel que tenga como fundamento una serie de sucesos extraordinarios que el espectador debe admitir como ciertos en la ficción a pesar de no creer en ellos en su vida real, dando lugar a numerosas posibilidades: desde las más ancestrales mitologías, a los cuentos, las leyendas, la ciencia ficción, el terror.

 

Réne Predal afirma que el fantastique no es un género cinematográfico codificado, reconocible, provisto de reglas como por ejemplo la comedia musical o el western y que responde más a la necesidad de establecer unas etiquetas comerciales al producto cinematográfico.

 

“De este modo, aglutinador de códigos y tendencias, el cine fantástico se niega a sí mismo como género, traspasa fronteras, comparte reglas y se dispersa en múltiples iconografías[7]

 

Sin embargo, los críticos anglosajones suelen rechazar la inclusión de géneros como el terror en el llamado fantastique, alegando por lo general la insuficiencia del término para revelar la totalidad de sus propuestas[8].

 

“De este modo, falto de un marco genérico convincente reducido abruptamente a su enfrentamiento con la realidad, el fantastique no tiene otro remedio que autoproclamarse como categoría, un macrogénero  no en el sentido de conjunto de géneros, sino en el de algo que va más allá de los géneros, situándose en sus márgenes e influyendo en ellos desde el exterior”[9].

 

 

3. EVOLUCIÓN DEL CINE FANTÁSTICO

 

Aunque básicamente integrado por el cine de terror y el de ciencia ficción según la mayoría de los autores, el cine fantástico abarca otros subgéneros e incluso se combina con otros géneros principales. No es extraño encontrar en una película una mezcla del género de ciencia ficción con el de aventuras, o descubrir que tras un inquietante thriller se esconde un película de terror, lo que hace más difícil su clasificación. Pero no daremos más vueltas sobre este asunto, ya que sería entrar en los peligrosos y complicados límites entre géneros y subgéneros que hemos planteado en la introducción. Nos adentraremos ahora en la evolución del género, citando sus películas más representativas de una larga lista de la que, sin duda alguna, faltarán nombres importantes, pero que simplifica una extensísima filmografía para dibujar una evolución de un modo claro y conciso.

 

La etapa muda

 

Como dijimos anteriormente, desde los orígenes del cine podemos encontrar dos corrientes, una más realista representada por los hermanos Lumiere, que propició el nacimiento del invento y preocupada por retratar la realidad tal y como era; y una segunda corriente más inclinada hacia la magia y la fantasía, representada entre sus pioneros por el francés George Méliès, cuya película más conocida sería Viaje a la Luna (1902).

 

En nuestro país, el también pionero Segundo de Chomón demostró con obras como El Hotel eléctrico (1905), cuyo argumento gira en torno a un hotel en el que todo funciona de manera automática, que aún con unos primitivos medios se podía hacer cine fantástico, como también lo demuestran otras obras suyas de ciencia-ficción como Viaje al fondo de la Tierra (1908).

 

Pero fue en Alemania donde surgió un cine que revolucionaría la historia de la cinematografía y del fantástico: El expresionismo alemán. En 1913, George Fuchs fundaba el Teatro Artístico de Munich, donde se asentarían las bases de la escenografía expresionista[10]. El movimiento surge en una época en que el país se encontraba en plena crisis económica y moral. En el campo del cine, su importancia fue tal que los géneros (incluido el fantástico) que hoy conocemos, seguramente no serían igual sin su existencia. Actores como Conrad Veidt o Max Schreck, o los directores Robert Wiene, F. W. Murnau o Fritz Lang crearon un cine nuevo, innovador, en el que surgirían o se asentarían temas como el del vampirismo, los científicos locos y ambiciosos, la creación artificial de vida, los pactos con el diablo, o los viajes espaciales. Sin embargo, el expresionismo alemán tendrá como tema esencial el terror, como demuestran las películas Nosferatu de Murnau y el Estudiante de Praga, de Paul Wegener, estrenada ese mismo año. Otros clásicos serían El Gabinete del Doctor Caligari (1917) o Metrópolis (1926) dirigida por Fritz Lang.

 

Con el auge del nazismo varios de los responsables de este cine emigraron a los Estados Unidos. Se había acabado su etapa europea, pero estaban ya creando una época gloriosa de cine de terror que tendría a los estudios Universal como mejor ejemplo.

 

El primer fantástico en otros países. Películas sonoras.

 

            El éxito del Cantor de Jazz supuso una convulsión en el mundo del cine, permitiendo a la industria lo que llevaba buscando durante bastante tiempo: la posibilidad de hacer películas habladas. Pero no será hasta los años 20 cuando surja el verdadero sonoro sincronizado, en Alemania con un método llamado “Tri-Ergon Process” y en EEUU con el “Vitaphone”[11]. El cine fantástico se enriquecerá con la introducción del sonido, provocando una serie de efectos en el espectador, inconcebibles hasta ese momento.

 

No sólo en Alemania o Estados Unidos se hicieron películas de cine fantástico, aunque fueron casos en ocasiones aislados y sin continuidad. Desde la Unión Soviética surgió una película clásica de ciencia-ficción (y con marcado cariz político), Aelita, sobre el primer viaje a Marte en el que se embarcan un soldado, un confidente de la policía y un inventor, para acabar encontrándose una revolución en curso en dicho planeta.

 

René Clair con París dormido, combinaba crítica social y fantasía en la que un rayo inmoviliza a gran parte de la población de París, demostrando como en el caso soviético que el cine fantástico podía y debía implicarse en los temas que atañen a la sociedad.

 

En Dinamarca (aunque rodada en Suecia) Benjamín Christensen creó Haxan (1922), una especie de documental sobre el mundo de la brujería con escenas de bacanales o juicios por parte de la Santa Inquisición a brujas, con la idea de que fuera una crónica lo más realista posible del mundo del satanismo desde la Edad Media hasta nuestros días[12].

 

La evolución en EEUU. El fantástico sonoro

 

            En EEUU, el Dr. Jeckyll y Mr. Hide continuaba su evolución en el celuloide con El hombre y la bestia de 1920. El protagonista de esta versión es Fredric March, John Barrymore, Sepencer Tracy y Jean Louis Barrault[13], mostrando uno de los temas más fecundos en el cine fantástico y procedente como gran parte de ellos de la literatura: la dualidad del ser humano.

 

Asimismo el mundo de Las mil y una noches llegaba a las pantallas en El ladrón de Bagdad de 1924, dirigida por Raoul Walsh, mientras que Hebert Brenon dirigirá la novela de J. M. Barrie en Peter Pan de 1924.

 

Dentro de la ciencia-ficción más apocalíptica se presentó The Last Man on Earth (1924, Sydney Salkow), sobre el único hombre que sobrevive a una plaga que hace que desaparezcan el resto de los hombres, convirtiéndose en objeto de deseo de todas las mujeres del planeta. También en esta época surgieron las primeras cintas sobre casas encantadas repletas de misterio como The Bat  (1926, Roland West), El legado misterioso (1927, Paul Leni) o The Haunted House (1928, Benjamín Christensen), antecedente de su remake más actual The Haunting.

 

Esta prolífica época del fantástico (y del cine en general) se cerró con la aparición del cine sonoro y la consolidación de los grandes estudios de Hollywood.

 

Años treinta

 

La década de los años treinta comienza con el éxito de Bela Lugosi encarnando a Drácula, lo que proporcionó sustanciales beneficios a su productora, La Universal (creada en 1931), que decide explotar el filón y producir numerosos largometrajes de terror durante los siguientes años, cambiando el curso de lo fantástico hasta la fecha.

 

“La Universal logró mantenerse a flote gracias al éxito de sus películas de terror, y tal y como sucede a menudo en la historia del cine, es éxito fue totalmente inesperado”[14]

 

            En una época en que los Estados Unidos se encontraban inmersos en una grave depresión económica, el cine de terror, suspense, fantasía o ciencia-ficción se convirtieron en la mejor manera de olvidar los problemas cotidianos que acuciaban a la sociedad norteamericana. De hecho, en 1931 se estrena Frankenstein, dirigida por James Whale e interpretada por Boris Karloff, éste último procedente del mundo del teatro, que tras el éxito de esta película se ve condenado para siempre a olvidar su variado pasado artístico y a representar continuamente películas de terror[15]. Un año después, en 1932, Tod Browning dirige Freaks, la parada de los monstruos, interpretada por auténticos deformes de feria y Orson Welles emite por radio La guerra de los mundos, aterrorizando a todos los Estados Unidos.

 

La RKO se mostró como uno de los estudios rivales de Universal, apostando por la imaginación más que por el despliegue técnico, por la sugerencia más que por la evidencia. De la RKO nacieron obras maestras como El malvado Zaroff (1932, Ernest B. Schoedsack) un filme sobre la caza del hombre y King Kong (1933, Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper), una versión del mito de la bella y la bestia.

 

            En el rodaje de  King Kong se elaboró una gigantesca maqueta cubierta por la piel de treinta osos y que era manejada por seis hombres en su interior. Para reproducir los sonidos del mono golpeándose en el pecho se empleó, en primer lugar, un timbal,  pero la nota obtenida no gustó al especialista y el director quiso probar con carne antes de recurrir al archivo. Puso a un mocetón junto al micrófono, un ayudante le aplicó el diafragma del aparato a la espalda, mientras el director empezó a golpear el pecho del sustituto de la fiera, con el palillo, primero con golpes leves, que poco a poco fueron tomando fuerza. Esta vez los técnicos  quedaron conforme con las notas bajas de los golpes, aumentando su volumen.

 

            En la filmación de la escena culminante, desde lo alto de una torre que sobresalía entre los rascacielos de Nueva York, el monstruo se defendía contra una escuadrilla de aviones, y alternativamente lanzaba terribles bramidos contra sus voladores adversarios, y profundas y guturales notas de amor a la figura de una muchacha en peligrosa posición sobre una cornisa, a mucha distancia de la calle. Para reproducir los bramidos en los archivos tenían almacenadas las voces de cuantos animales pudieran utilizarse en la pantalla, desde el rugido del león, hasta el cacareo de la gallina. Pero King Kong no era una bestia vulgar, sino un mito, y no se le podían atribuir los sonidos naturales de un animal, porque el público los habría reconocido. Además todos los bramidos resultaban cortos para el mecanismo de la gigantesca maqueta, que todavía, después de acabar el bramido, seguía con las fauces abiertas. Tras elegir uno de los más potentes rugidos de la colección, tras laboriosas combinaciones y empalmando cuatro de estos rugidos, se consiguió el escalofriante bramido. Pero ¿y los arrullos de amor que lanzaba a la muchacha? Faltaban precedentes que pudieran servir de base, se consultó hasta con el director del Museo de Historia Natural de los Angeles El director de la película dispuso que un operario, conocido por su voz de bajo profundo, se acercara al micrófono y a través de la bocina lanzara acompasados r-r-r-ump, r-r-r-ump, r-r-r-ump, y estos guturales y graves arrullos quedaron como norma de lo que debía ser la llamada al amor.

 

            Cuando King Kong se pasea, sus pisadas sobre la arena se consiguió gracias al acompasado golpeteo de dos mazas de plomo sobre un cojín relleno de cascajo. El sonido se añadía a las escenas filmadas.  Dos años enteros costó la preparación de esta película[16].

 

Otros grandes títulos de estos años fueron The Deluge (1933, Felix E. Feist) filme que hasta hace poco se daba por perdido y que nos muestra la desolación que produce una ola gigante sobre la ciudad de Nueva York, El hombre que vendió su alma (1941, William S. Dieterle) con un hombre que vende su alma al Diablo y que luego pretende recuperar, La mujer pantera (1942, Jacques Tourneur) y Yo anduve con un zombie (1943, Jacques Tourneur) una poética visión del camino a la muerte.

 

Tambié3n destacaron El caserón de las sombras (The old dark house, 1932, James Whale), acerca de algunos forasteros que se ven imposibilitados a continuar su viaje y deben alojarse en una vieja casa con extraños habitantes o El doble asesinato en la calle Morgue (1932, Robert Florey), en la que un científico loco usa un gorila para cometer horribles crímenes, basado en otra de las conocidas novelas de Edgar Allan Poe.

 

La momia (1932, Karl W. Freund) fue un nuevo reto de Karloff creando personajes del cine de horror, en esta ocasión de un Egipto donde se une la leyenda y la sed de mal. Otro filme de la Universal fue El hombre invisible (1933, James Whale), basada en la obra de ciencia-ficción de H.G. Wells, trata sobre un hombre que adquiere el don de no ser visto y lo emplea para malvados fines, también reactualizado en un remake reciente. Asimismo volvieron a trabajar juntos Karloff  y Lugosi, en Satanás (1934, Edgar G. Ulmer) un aterrador filme sobre un arquitecto que pacta con el mal y El cuervo (1935, Louis Friedlander). En 1935, surge uno de los grandes filmes de la historia del fantástico, La novia de Frankenstein. Por otro lado, El lobo humano (1935, Stuart Walker), asienta las bases sobre el mito del hombre lobo.

 

En los años siguientes la Universal relegó sus películas fantásticas al rincón de las cintas de poco presupuesto, de ahí que cada vez se les dedicara menos recursos y, las historias, salvo en ocasiones puntuales, se convertían en relatos de lo más banal. La torre de Londres será una de las pocas excepciones. El final de una etapa había llegado, pero el saldo no se puede decir que sea negativo: se crearon y dieron vida a personajes clásicos del terror como Drácula, el monstruo de Frankenstein, la Momia, el Hombre Lobo o el Hombre Invisible. Asimismo, se formó un star system del fantástico con actores como Boris Karloff, Bela Lugosi, Basil Rathbone, John Carradine, Lon Chaney Jr., Claude Rains, Evelyn Ankers o Acquanetta. Lo que vino después fue Serie B o parodias de un estilo de hacer cine que marcó toda una época.

 

El nacimiento de la Serie B

 

La serie B, a menudo objeto de afirmaciones infundadas, engloba a toda una serie de películas producidas en Hollywood durante la “época clásica” o “época dorada”, es decir, entre la década de los treinta y los cincuenta y caracterizadas por sus bajos presupuestos, la ausencia de grandes estrellas o cineastas de prestigio, los rodajes rápidos y un metraje no demasiado extenso, en ocasiones de alrededor de una hora, que no solían superar los noventa minutos [17]

 

En ocasiones se habla de manera demasiado positiva hacia el cine de serie B, siendo éste un poco no demasiado objetivo, teniendo en cuenta que junto a las grandes películas que nos dejó esta época están otra de muy dudosa calidad. Sin embargo, en esta época surgieron numerosos directores que colaboraron en la creación de una serie de patrones narrativos que han contribuido en la evolución del género y del cine en general.

 

Por otro lado, la serie B no fue una serie de películas cutres ni cualquier otro tipo de cine de bajo presupuesto, sino una versión reducida del cine de serie A, pero sin realizadores conocidos.

 

Históricamente, la serie B nació como consecuencia de la crisis económica que sufrieron los Estados Unidos a raíz del crack bursátil de 1929. El descenso de la población en las salas de cine hizo que se creara El programa doble, la oferta de dos largometrajes al precio de uno, siendo el primero de ellos de serie A y el segundo de serie B. La medida tuvo tal éxito que la mayor parte de las grandes productoras de Hollywood crearon sus departamentos de cine de Serie B [18]

 

Aunque el cine de serie B comenzó a decaer lentamente en el año 1948, momento en que se prohíbe en EEUU la organización vertical de la industria cinematográfica, provocando que las majors se deshagan de su red de salas, las películas de bajo presupuesto siguieron realizándose durante la década de los 50.

 

Años cincuenta. La conquista de otros mundos.

 

A partir de 1950, el público, cansado de los monstruos de novela, mira hacia las estrellas en busca de nuevas emociones. Es la hora de las invasiones extraterrestres, los monstruos mutantes y los viajes espaciales. En 1951, Robert Wise dirige Ultimátum a la Tierra. En 1953, la televisión comienza a ser un rival de entidad para el cine. Para competir con ella, se crean los películas en tres dimensiones que tendrán un éxito considerable durante un tiempo, hasta la llegada del Cinemascope. Las primeras películas en este formato serán Los Crímenes del Museo de Cera y La Invasión de los ladrones de cuerpos. También por esa época, resurge el interés por los monstruos clásicos que ya aparecieron en los años treinta.

 

Años sesenta

 

En 1960, Alfred Hitchcock dirige Psicosis. Ese mismo año, Michael Powell estrena el Fotógrafo del Pánico. Los trastornados Mark y Norman Bates abren la puerta del cine de terror a los asesinos en serie. Ese mismo año, Roger Corman dirige la Pequeña Tienda de los Horrores y La Caida de la Casa Usher, basada en una novela del gran maestro del género Edgar Allan Poe. 1963 es también el año de nacimiento del cine gore. La sangre se convierte en un ingrediente primordial. En 1964 aparece 2000 Maníacos consagrando el género[19].

 

Mientras, los monstruos clásicos siguen ocupando su lugar en el cine, dando lugar a versiones dispares a medida que el género evoluciona, en España, Jesús Franco protagoniza el resurgimiento de la historia nacional del género fantástico con Miss Muerte (1965).

 

En esta década se estrenan tres de las grandes películas del género: 2001, Una Odisea del Espacio, La Semilla del Diablo de Roman Polanski, película que al igual que Portergeist terminó con desgraciadas consecuencias para los participantes en el proyecto, y la Noche de los Muertos Vivientes.

 

Años setenta

 

En la primera mitad de la década, los clásicos de los sesenta siguen en auge, mientras que a partir de 1975 surgen algunas novedades, nuevas ideas y directores. Paralelamente, el cine fantástico español sigue en auge, tal y como demuestra la publicación de la revista Terror Fantastic, pionera dentro del país.

 

En 1971, Roger Corman abandona la dirección y funda la New World Pictures, donde se formarán los futuros grandes creadores del género. Ese mismo año, Steven Spielberg dirige el Diablo sobre Ruedas y Vincent Price interpreta el Abominable Dr. Phibes. Pero la película más destacada de ese año serán otras como La Naranja Mecánica de Stanley Kubrick, que muestra un horror más cotidiano y marca uno de los hitos de la época. Tobe Hooper impacta a la audiencia con La matanza de Texas, cruenta parodia de la familia de la América profunda.

 

En 1974, la primera película internacional de David Cronenberg, Vinieron de Dentro de presenta por fin algunas de las novedades de la nueva etapa. En 1976, Brian de Palma dirige Carrie, basada en la novela de Stephen King. El éxito propicia innumerables adaptaciones de la obra del escritor.

 

La Guerra de las Galaxias se estrena en 1977 y la película se convierte en todo un fenómeno social y cinematográfico. Personajes como Darth Vader pasan a convertirse en parte de la cultura popular y uno de los referentes más inmediatos a la hora de hablar de cine fantástico.

 

Años ochenta

 

Los años ochenta comienzan con la segunda parte de La guerra de las galaxias, El imperio contraataca, tan ansiada por el público y tan bien aceptada. A su sombra se estrenan Vestida para matar, de Brian de Palma, donde el director se confirma como el sucesor de Hitchcock, y el Resplandor, de Stanley Kubrick, otra adaptación de las novelas de Stephen King.

 

En el 1982, Spielberg vuelve a sorprendernos con E.T. el Extraterrestre. Por otro lado, se estrena La Cosa de John Carpenter y tres años después de la segunda parte, se cierra la trilogía más exitosa de todos los tiempos con El Retorno del Jedi.

 

Joe Dante también aporta al género nuevas ideas con sus tiernos y, a la vez, crueles Gremlins mientras Wes Craven estrena Pesadilla en Elm Street. Pero si hablamos de ciencia ficción, no podemos pasar por alto dos de las grandes películas del género rodadas en esta década. Una es Aliens, el Regreso (1986) de James Cameron, la otra, la inmejorable Blade Runner (1982), de Ridley Scott. Ambas dejan marcadas las vías por las que se moverá la ciencia ficción posteriormente.

 

Para acabar con esta década, mencionaremos Henry, Retrato de un Asesino en la que John McNaughton ofrece una perspectiva real de un psycho killer (de hecho, se basaba en hechos reales), rompiendo con los anteriores asesinos de la década (de corte más sobrenatural).

 

Años noventa. Llegan los efectos por ordenador

 

El género fantástico sigue evolucionando en España, lo que da lugar a la aparición de distintos festivales donde coinciden directores, principiantes y un público asiduo a este tipo de películas. Hablamos de la I Semana de Cine de Terror de San Sebastián. Posteriormente y en años sucesivos aparecen otros festivales de gran importancia como el de Málaga o Sitges.

 

Pero los avances técnicos que también han llegado al mundo del cine, transforman la estética de las películas, mientras otros directores, más tradicionales en sus temas inspirados en “lo maravilloso” como Tim Burton revitalizan el mito de Frankenstein, encarnado en este caso en una inocente y encantadora criatura, Eduardo Manostijeras. Algo similar hará Coppola con Drácula, endulzando el mito y convirtiéndolo en historia de amor al más puro estilo de La bella y la bestia.

 

            El cuervo destacará también por sus decorados, a medio camino entre lo siniestro y lo irreal, y con una mezcla de estéticas diferentes creadas por ordenador, con el que se consigue una ciudad laberíntica y oscura a la vez que se recrea de un modo digital a su protagonista, fallecido durante el rodaje en extrañas circunstancias.

 

Hacia un nuevo milenio. Nuevas propuestas

 

Durante los últimos años del siglo, el cine fantástico toma diversas direcciones, muchas de ellas apuntan al apocalipsis y al terror. Ese mismo año, Terry Gilliam dirige la pesimista 12 Monos. El público americano se vuelve violento con Asesinos Natos de Oliver Stone y Abel Ferrara crea una metáfora entre la drogadicción, el sida y el vampirismo en The Adiction.

 

En 1995, Alex de la Iglesia nos asombra con el Día de la Bestia, un salto de calidad del género en España un año antes de que otro director joven, Robert Rodríguez, triunfe con Abierto Hasta el Amanecer, con guión de Quentin Tarantino. Ese año se estrenaban en España Killer Barbies, de Jesús Franco y La Lengua Asesina, de Alberto Sciamma sin llegar a acercarse a los registros de El Día de la Bestia.

 

En España, La Comunidad se presenta en el Festival de San Sebastián, se convierte en la película española más taquillera del año. Pero la estrella del mes fue el reestreno de El Exorcista, de William Friedkin, con nuevas escenas eliminadas del montaje original. El Proyecto de la Bruja de Blair será también una de las películas más polémicas, apoyada por su extensa publicidad a través de internet y de la que todo el mundo hablaba incluso antes de estrenarse. Sin embargo, tanta expectación decepcionará en la segunda parte, titulada El libro de las sombras, que contará con más medios técnicos pero con una historia más pobre.

 

Posteriormente se estrenan algunas películas como El Grinch (Ron Howard), El Sexto Día y, sobre todo, El Protegido. Por otro lado, la versión cinematográfica de Dragones y Mazmorras (Courtney Solomon) desencanta a sus seguidores y lo mismo sucede con Drácula 2000 de Wes Craven.

 

Novedades como The ring, en su versión japonesa y posteriormente americana, El señor de los anillos y Underworld, nos trasladan a historias diferentes pero impactantes. Pero sin duda, habremos dejado en el camino películas tan emblemáticas como Regreso al futuro, The cube, Minority Report y muchas más, pues lo que pretendemos no es tanto hacer una detallada lista de películas fantásticas como ofrecer una visión general acerca de la evolución del género.

 

El nuevo siglo ha continuado trayendo nuevas películas, en su mayoría segundas partes como Las dos torres o adaptaciones de cómics como Hulk, X-Mex o Daredevil. Tendremos que esperar para ver qué nos depara el futuro y si seguimos evolucionando o hemos caído en un desgaste absoluto de creatividad.
BIBLIOGRAFÍA Y LECTURAS RECOMENDADAS

 

BONIFACI, NEURO. Teoría del fantástico, Longo A., 1982.

 

CHANADY, AMARYLL, B. Ciclo de conferencias en torno a la literatura fantástica, Ediciones Siruela, Universidad Internacional Menéndez Pelayo, Sevilla, 1984.

 

BORGES, JOSE LUIS. Cuentos de Lorge Luis Borges. Godfrey (Illinois): Monticello College, 1958.

 

FERRERAS, DANIEL F., Lo fantástico en la literatura y el cine. De Edgar Allan Poe a Freddy Krueger, Ediciones Vosa, Madrid, 1995.

 

LOVERCRAFT, H.P. At the Mountains of Madness and Other Novels, Sauk City, Arkham House, 1964.

 

MARTÍN GAITE, CARMEN. El cuarto de atrás,  Barcelona, Destino, 1978.

 

TODOROV, TZVETAN. Introduction a la litterature fantastique. París, Seuil, 1970.

 

 



[1] Lo fantástico en el cine. De Edgar Allan Poe a Freddy Krueger, Ediciones Vosa, Madrid, 1995 (1ª Ed.), p. 13-15.

[2] Leutrat, Jean- Louis, Vida de fantasmas. Lo fantástico en el cine, Ediciones de la Mirada, valencia, 1995, p. 25

[3] Losilla, Carlos, El cine de terror. Una introducción, Edición Paidós, Buenos Aires, 1993.

[4] Ibídem, p. 42

[5] Leutrat, Jean-Louis, op. cit. p. 12

[6] Leutrat, Jean-Louis, op. cit, pp. 26

[7] Losilla, Carlos, op. cit, p. 38.

[8] Ibídem, p. 39.

[9] Ibídem, p. 40

[10] www.fantasticfactory.com

[11] Medina, Francisco (coordinador), Gran historia ilustrada del cine, Editorial SARPE, Madrid, 1984, p. 224.

[12] www.fatasticfactory.com

[13] Medina, Francisco (coordinador), op. cit. pp 206.

[14] Ibídem, pp. 225

[15] Ibídem pp. 227

[16] “King Kong” en Films Selectos, 2 de diciembre de 1933, nº 164.

[17] Fernández Valentí, Tomás, “La gran cantera del cine pequeño” en Dirigido, Octubre de 2003, p. 55.

[18] Ibídem Fernández Valentí, Tomás, p.

[19] www.fantasticfactory.com