DE LA LITERATURA AL CINE
«LA ADAPTACIÓN CINEMATOGRÁFICA»
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La
importancia de las adaptaciones literarias en el cine (Linda Seger, El arte de la
adaptación)
Entre un 30% y un 40% de las
películas que se producen cada año en el mundo están basadas en obras
literarias. Añadiendo a este porcentaje, el de las películas basadas en
biografías, alcanzamos un 50% de adaptaciones literarias con respecto al
volumen total de producción cinematográfica anual.
Otro dato representativo, es el de
los grandes premios cinematográficos en el que:
-El 85% de los filmes
galardonados con el “Oscar a la mejor película” son adaptaciones.
-El 45% de las
películas realizadas para televisión son adaptaciones, y hay un 70% de ellas en
las que reciben un premio Emmy.
-Un 80% del total de
miniseries son adaptaciones, entre las premiadas con un Emmy, un 95%.
En España, el número de
adaptaciones con respecto al volumen total de películas producidas también ha
ido creciendo con el paso de los años. Ejemplo de ello lo tenemos en El
maestro de esgrima que ganó un Goya al mejor guión adaptado, El Rey
pasmado, El viaje a ninguna parte, basada en una obra teatral, El bosque
animado, etc…
Ejemplos de adaptaciones actuales:
-Película: Nos
miran, inspirada en la novela Los otros de Javier García Sánchez.
-Película: Pasos
de baile, basada en el libro The Dancers Upstairs de Nicholas
Shakespeare, autor también del guión de la película.
-Películas basadas en
comics: Spiderman, X-men, Hulk, Daredevil…
El número de adaptaciones
cinematográficas se incrementa si tenemos en cuenta el género fantástico.
Películas como Drácula, El silencio de los corderos, La guerra de los
mundos, La mosca, Blade Runner, La naranja mecánica, El señor de los anillos…
y una larga lista, tienen su origen en la literatura.
Multitud de obras literarias, habiendo tenido un
éxito muy relativo o incluso habiendo pasado desapercibidas en el momento de su
publicación, conocen una segunda oportunidad a raíz de su adaptación
cinematográfica.
Valga como ejemplo singular el de la trilogía Los
gozos y las sombras, de Gonzalo Torrente Ballester, publicada en los años
cincuenta, que fue descubierta por el gran público a raíz de la serie de
televisión de Romero Marchent ya en los ochenta. En este sentido, parece que el
hecho de que un novelista haya sido adaptado se aprecia como un valor para su
carrera literaria.
La adaptación de textos literarios al cine
constituye un caso particular. No se puede hablar de adaptación del mismo modo
para referirnos al teatro y a la novela. Incluso hay quien impugna la noción de
adaptación:
El concepto de adaptación cinematográfica de
novelas es por completo improcedente y confuso. No se puede adaptar un discurso
novelesco a otro fílmico, como tampoco se puede adaptar una pintura a la
música, aunque un cuadro de Sandro Boticelli y una sonata de Vivaldi puedan
compartir un mismo tema o sustancia de contenido: por ejemplo, la primavera
(Villanueva)
Globalmente podemos definir como adaptación el
proceso por el que un relato, la narración de una historia, expresado en forma
de texto literario, deviene, mediante sucesivas transformaciones en la
estructura (enunciación, organización y vertebración temporal), en el contenido
narrativo y en la puesta en imágenes (supresiones, compresiones, añadidos,
desarrollos, descripciones visuales, diálogos, sumarios, unificaciones o
sustituciones), en otro relato muy similar expresado en forma de texto fílmico.
(No obstante, debe tenerse en cuenta, que el término «adaptación» se referirá a
cualquier traslación de un medio a otro de naturaleza diferente -del teatro a
la televisión, de la novela al cine, de la televisión al cine, etc.-)
·
Tipología de las adaptaciones
novelísticas a la gran pantalla
Plantearse una categorización de los tipos más
usuales de adaptaciones literarias al cine tiene el riesgo de establecer
modelos esquematizados a los que pudiera parecer que han de adecuarse las
adaptaciones realmente existentes; pero ello sólo es posible cuando la
perspectiva descriptiva que ve líneas y procedimientos comunes se convierte en
teórico-dogmática, que considera los modelos como prescriptivos.
Por el contrario, la ventaja de una tipología
radica en obligarnos a reflexionar sobre las adaptaciones existentes, indagar
en los elementos comunes, atender a los intereses que subyacen... y, en buena
medida, lograr una respuesta para las cuestiones planteadas en el punto
anterior.
Naturalmente ofrecemos un modelo, es decir, una
representación convencional que trata de responder a la realidad y, por tanto,
susceptible de ser matizado, enriquecido y aún de ser rechazado en aras de otro
modelo igualmente discutible.
I. Según la dialéctica
fidelidad-creatividad
Éste suele ser el criterio básico que se emplea en
las tipologías al uso, donde se tiene en cuenta el mayor o menor grado de
similitud entre los personajes y los sucesos de los textos literario y fílmico.
Básicamente, las tipologías vienen a converger en
los modelos que, con las diferentes nomenclaturas, indicamos a continuación.
Como en toda categorización, hay un esquematismo
que pasa por alto los estados intermedios; por ello habría que considerar que
los modelos A y D representan los extremos de un proceso de adaptación que, en
su máxima radicalidad, llevaría, por la parte de A, a anular el carácter
fílmico del relato en aras de la literalidad (el filme no sería más que una
puesta en imágenes del texto literario: muy fiel a la novela pero, salvo
excepciones, poco cinematográfico) y, por la parte de D, a anular su
dependencia de la novela (el relato sería muy fílmico, pero sólo remotamente
remitiría a la novela).
-Adaptación
como ilustración. También se habla de adaptación literal, fiel o
académica y de adaptación pasiva.
-Tiene lugar
con textos literarios cuyo interés descansa en la historia mucho más que en el
discurso. Se trata de plasmar en el relato fílmico el conjunto de personajes y
acciones que contiene la historia en su forma literaria, sin otras
transformaciones que las derivadas del cambio de discurso, de la organización
dramática del relato fílmico, de la puesta en escena y de las descripciones
visuales, es decir, utilizando los procedimientos básicos de la adaptación.
-Para ello se
suelen sacrificar los comentarios, transcribir por completo los diálogos y
utilizar los elementos figurativos y visuales.
-La adaptación
fiel se justifica por la divulgación de una obra y por la comercialidad, y muy
raras veces, por su valor estético o la propuesta cultural que supone. Hay una
fidelidad rigurosa hacia el texto literario y, por tanto, no se puede rechazar
la adaptación por algún tipo de traición; pero no hay obra fílmica
significativa y autónoma respecto al original.
-Adaptación
como transposición. A medio camino entre la adaptación fiel y la
interpretación, la transposición converge con la primera en la voluntad de
servir al autor literario reconociendo los valores de su obra y con la segunda
en poner en pie un texto fílmico que tenga entidad por sí mismo y, por tanto,
sea autónomo respecto al literario.
-La adaptación
como transposición implica la búsqueda de medios específicamente
cinematográficos en la construcción de un auténtico texto fílmico que quiere
ser fiel al fondo y a la forma de la obra literaria.
-Se traslada al
lenguaje fílmico y a la estética cinematográfica el mundo del autor expresado
en esa obra literaria, con sus mismas -o similares- cualidades estéticas,
culturales o ideológicas.
-En los relatos
cortos, obras de calidad relativa y novelas necesitadas de fuertes
transformaciones, la adaptación como transposición supone una intervención
mayor, en la que el autor fílmico trata de extraer todas las posibilidades
expresivas y dramáticas al texto literario, para lo cual desarrollará lo que
está implícito, buscará equivalencias, efectuará ampliaciones, eliminará
subtramas...
-Jean Mitry
señala dos alternativas excluyentes: la pretensión de una obra personal al
margen de la fidelidad al texto o la puesta en escena que "constituye el
mundo que la novela sugiere, su clima, su ambiente, y se registra por medio de
la cámara".Dice este autor que en esta segunda opción -que viene a
coincidir con lo que denominamos adaptación como transposición- hay todo un
arte que en modo alguno es despreciable, que está hecho de eclipsamiento, de
renuncia, de escrupulosa fidelidad a la obra original, y que si no consigue
llegar a traducir el sentido profundo es capaz de producir un reflejo
apreciable.
-Adaptación
como interpretación. Cuando el filme se aparte notoriamente del relato
literario -debido a un nuevo punto de vista, transformaciones relevantes en la
historia o en los personajes, digresiones, un estilo diferente, el mismo
espíritu y tono narrativo, conjunto del material literario de partida, analogía
en la enunciación, temática, valores ideológicos... consideramos que hay una
interpretación, apropiación, paráfrasis, traducción, lectura crítica o como
quiera que llamemos a este modo más personal y autoral de adaptación.
-Este modelo
interpretativo se diferencia de la transposición en que no toma la obra
literaria en su totalidad ni busca expresarla tal cual mediante otro medio,
sino que crea un texto fílmico autónomo que va más allá del relato literario en
la medida en que se proyecta sobre él el mundo propio del cineasta; y se
diferencia de la adaptación libre en tanto que no puede ser considerado una
traición respecto al original, ya que "la fidelidad consistiría entonces
en poner el acento sobre las ideas, los temas, los sentimientos que determinan
la vida interior de la obra".
-Adaptación
libre. El menor grado de fidelidad a una obra literaria lo
ofrece el filme que llamamos adaptación libre y que también se conoce como
reelaboración analógica, variación, digresión, pretexto o transformación.
-La adaptación
libre no opera ordinariamente sobre el conjunto del texto - que, en todo caso,
se sitúa en un segundo plano- sino que responde a distintos intereses y actúa
sobre distintos niveles: el esqueleto dramático, sobre el que se reescribe una
historia, la atmósfera ambiental del texto, los valores temáticos o
ideológicos, un pretexto narrativo... Ordinariamente, el autor fílmico hará
patente su distancia respecto al relato original y al acreditar el guión o el
argumento dirá "inspirado en...". En el extremo, una adaptación libre
no debería llevar el mismo título de la obra literaria, pues, aunque haya
legitimidad legal para hacerlo porque se posean los derechos de adaptación, no
es tan evidente la legitimidad moral. Por otra parte, la adaptación libre viene
exigida cuando el texto literario es un relato corto que sirve únicamente como
esquema argumental a partir del cual se desarrolla el guión cinematográfico.
II. Según el tipo de relato
Desde otra perspectiva, se pueden considerar dos
modalidades de adaptaciones en función de la coherencia o no entre los tipos de
relato literario y fílmico. Vanoye habla de opciones estéticas de la adaptación
y parte de dos tipos o estilos narrativos: el relato clásico y el relato
moderno.
Obviamente, con ello se esquematiza una realidad mucho más compleja, tanto
en la literatura como en el cine, pero sirve para señalar uno de los factores
relevantes de esta tipología de adaptaciones.
Además, es preciso subrayar que hablar de estilo
literario y fílmico, clásico o moderno, sólo se puede hacer por analogía, sin
que, en rigor, haya correspondencias globales (aunque sí de elementos
concretos).
-La narración clásica se
caracteriza porque los agentes causales del motor de la acción dramática son
personajes individuales que actúan por el deseo al que se opone algo o alguien
dando lugar al conflicto; la cadena de acciones causa-efecto motiva la mayoría
de los hechos de la narración y a ella se subordina el tiempo; tiende a la
narración "objetiva" (omnisciente) y las historias terminan con un
fuerte grado de clausura, resolviendo todos los conflictos planteados.
-Son rasgos de la narración
moderna la conciencia lingüística, es decir, la reflexión sobre el propio
lenguaje, la presencia del autor en la obra, el realismo psicológico y la
subjetividad, la significación de los personajes, la ruptura del valor mimético
de la representación, lo que supone la discontinuidad y la autoconciencia
narrativas, la causalidad débil, los finales abiertos, las disyunciones de
orden temporal y espacial, la impronta autoral que permite comprender la obra
dentro de la filmografía del cineasta, la ambigüedad y relatividad de la
verdad...
Por lo que se refiere a la literatura, habría quizá
que distinguir entre aquellos relatos en la tradición representada por la gran
novela del XIX, en los que prima la historia de causalidad fuerte, la
eficacia dramática, los personajes conscientes y motivados, la continuidad sin
rupturas de los hechos narrados, la concepción unívoca del espacio y el tiempo,
la ausencia de huellas del autor implícito y, en general, mayor interés en el
cómo que en el qué; y aquellos otros- "Ulises", de James Joyce, o
"Rayuela", de Julio Cortázar, como paradigmas- en los que es el
propio texto, más allá de la trama externa, el que llama la atención sobre sí
gracias a su capacidad para la polifonía del narrador, la continuidad entre las
voces narrativas, la ironía y otras formas de distanciamiento respecto a los
hechos, la reflexividad del texto, la estructura dramática y la causalidad
débiles, la ambigüedad entre el mundo exterior y la subjetividad de los
personajes...
En función del estilo de cada uno de los textos se
podrían categorizar las siguientes adaptaciones.
-Coherencia
estilística. Es la adaptación de una obra literaria clásica a un
filme clásico, o de una moderna a una película moderna. El primer caso responde
a la gran mayoría de las adaptaciones literarias al cine, donde se toman como
punto de partida relatos fácilmente filmables, es decir, textos cuya historia
sea, en lo esencial, trasladable al lenguaje audiovisual y, por tanto, den
lugar a dignos relatos cinematográficos. En general, se dejarán de lado los
elementos del discurso, aunque el cineasta puede buscar una escritura fílmica
equivalente a la literaria.
-Divergencia estilística.
Sería la adaptación de una obra literaria clásica a un filme moderno o, por el
contrario y como suele ser más frecuente, de una obra moderna a un filme
clásico. Hay una diferencia sustantiva en estos dos casos de divergencias:
mientras la adaptación de una obra clásica a un filme moderno se puede
comprender como una adaptación interpretativa, como una actualización en la que
el cineasta tiene tanto peso como el autor literario; por el contrario, en el
segundo caso, parece que hay una simplificación del material de partida o
cierta apropiación no del todo legítima. Como queda apuntado más arriba, ello
ha llevado a negar al cine la posibilidad de adaptar textos donde los elementos
del discurso (la materia verbal y el dispositivo enunciador) tienen mayor
relieve que la historia propiamente dicha.
-O, dicho de otro modo, la
adaptación de una novela clásica a un filme moderno se justifica como
interpretación o variación, donde la historia y la forma expresiva adquieren
nuevas dimensiones y potencialidades estéticas, y se ubica en la evolución
progresiva inherente a la historia de la cultura; mientras que la operación
inversa, de novela moderna a filme clásico, mostrará un desequilibrio estético
entre la densidad y complejidad de la obra literaria y la linealidad de la
fílmica y, en la medida en que los rasgos modernos del discurso quedan
eclipsados, parecerá más bien un ejercicio regresivo.
La existencia de coherencia estilística no implica
inicialmente mayor o menor dificultad para la adaptación, operación que
depende, como estamos viendo, de otros muchos factores.
El valor de la adaptación dependerá, como siempre,
del resultado estético -la existencia de una genuina obra cinematográfica- y de
la relación que esa obra mantenga con el original.
Por ello, en principio, tendrán
mayor interés la adaptaciones -coherente o divergentes con el estilo del texto
literario- que aporten un plus de creación.
III. Según la extensión
Si comparamos el número de páginas del texto
literario y del guión cinematográfico, podemos llegar a resultados muy falsos,
pues una página de un relato puede necesitar varias de guión y viceversa; y lo
mismo sucede si lo comparamos con el texto fílmico.
En esta perspectiva comparatista se presupone una
fidelidad de la película a las acciones y personajes de la novela o del cuento.
No es fácil definir qué es la extensión de un relato, pero a la hora de la
adaptación y en función de la mayor presencia de mecanismos de reducción o de
ampliación podemos considerar tres tipos de adaptaciones:
-La reducción es el
procedimiento habitual en la adaptación de novelas al cine -aunque también se
realizan reducciones en los textos teatrales- por el que del texto literario se
seleccionan los episodios más notables, se suprimen acciones y personajes, se
condensan capítulos enteros en pocas páginas de guión, se unifican acciones
reiteradas... Este procedimiento es responsable de la señalada constatación,
tan repetida, de que la novela es más que la película.
-Habrá equivalencia cuando
los dos textos posean una extensión similar y, por tanto, los dos relatos
contengan esencialmente la misma historia, es decir, haya fidelidad literal.
-La ampliación supone
partir de un texto más breve. Ya queda señalado cómo la novela corta o el
cuento ofrecen mayores posibilidades de adaptación en tanto que pueden
proporcionar una idea inicial (un argumento y/o unos personajes, una atmósfera)
que luego se desarrolla de un modo específicamente cinematográfico y no
presenta el inconveniente de tener que seleccionar y eliminar, como en la
novela larga, aunque, ello depende de la naturaleza del relato. Por otra parte,
los guiones de algunas de las grandes películas de la historia del cine
proceden de relatos cortos. La ampliación se realiza transformando fragmentos narrados
en dialogados, desarrollando acciones implícitas o sugeridas y, sobre todo,
añadiendo personajes y episodios completos.
IV. Según la propuesta
estético-cultural
Muy próximas a la cuestión de la legitimidad están
las reflexiones que consideran las adaptaciones desde el punto de vista
estético, de la crítica cultural. No se suele considerar el juicio crítico
comparativo en las adaptaciones libres y en las interpretativas debidas al
genio autoral, ya que, en ambos casos, estamos ante obras sustancialmente
diferentes, de diversa entidad artística, respecto a los textos literarios.
Lo mismo puede decirse, salvo excepciones, en el
caso de las adaptaciones que amplían los relatos escritos. Por el contrario, en
las adaptaciones como ilustraciones, en las transposiciones y en las
interpretaciones debidas a razones comerciales, es frecuente el rechazo de la
obra fílmica en tanto que se juzga que la adaptación supone una simplificación,
vulgarización, edulcoración, amputación de los aspectos más innovadores, etc.,
en aras de la comercialidad, para lo cual se esquematiza la trama, se eliminan
personajes, se suprime o simplifica el contexto histórico o político, se
transforma la clausura del relato, mitigando su carácter trágico o su
irresolución, se potencian los aspectos espectaculares mediante la exhibición
del decorado y el vestuario en primer plano de la historia..., según la crítica
de Baldelli.
El "saqueo" de que habla este autor se ha
realizado frecuentemente en adaptaciones de textos literarios de carácter
histórico-legendario, como es el caso de "Ulises" o de "Sansón y
Dalila", que constituye un proceso "americano" de transformación
al convertir a Dalila en protagonista, perpetrar una historia amorosa y omitir
todo contenido religioso.
También se considera que la adaptación como
ilustración se limita a reproducir de forma más breve y superficial la obra
original, de la que se suprimen los pasajes más "literarios" y se
potencian las acciones externas y los elementos figurativos, dando como resultado
una vulgarización y dulcificación del original.
En el caso de los relatos breves, se alarga la
historia con elementos de escasa significación (personajes secundarios,
subtramas, diálogos...) y se enfatizan innecesariamente algunas escenas, siendo
el resultado un relato fílmico pretencioso, hinchado.
Sin embargo, no todo proceso de actualización se
lleva a cabo, necesariamente, en detrimento de la entidad estética del texto
original. La modernización pude ser creativa y ofrecer equivalencias más ricas
para los receptores actuales, como ha demostrado Jorge Urrutia en su estudio de
las desviaciones del texto fílmico frente al narrativo a propósito de
"Nazarín".En este trabajo se pone en evidencia cómo Buñuel consigue
actualizar el texto de Galdós, escrito seis décadas atrás, mediante la búsqueda
de equivalentes: allí donde Galdós sitúa una disputa teológica entre don
Nazario y el rico don Pedro de Belmonte sobre la pobreza del cristianismo
primitivo Buñuel escribe una escena nueva donde se plasma la cuestión social desde
el enfrentamiento obrero, lo que es más actual en los años cincuenta. Es decir,
la adaptación es fiel al espíritu del texto por la vía de transformarlo
profundamente buscando la significación mediante acciones equivalentes.
Edgar Morin -en uno de los análisis más lúcidos
sobre la cultura de masas- señala los siguientes procesos de vulgarización:
-La simplificación de la
obra original debida no a necesidades técnicas de cambio de formato o de
género, sino al consumo masivo: por ello la adaptación cinematográfica de una
novela sufre la esquematización de la intriga, la reducción del número de los
personajes y de sus rasgos psicológicos.
-El maniqueísmo, cuando
todo conflicto dramático aparece con perfiles subrayados donde luchan el bien y
el mal nítidos.
-La actualización, que
introduce en las obras clásicas sensibilidades contemporáneas y se diseñan
personajes y dramatizaciones al gusto actual.
-La modernización, que
traslada a la actualidad acciones del pasado, como sucede con dramas
shakespearianos ubicados en contextos del presente.
En este sentido hay que subrayar que el
"cambio de género" (de obra esencialmente literaria a película
histórica, de tragedia a filme de aventuras, de obra religiosa a relato
histórico...) supone, ordinariamente, un proceso simplificador o dulcificador
por el que los valores específicamente dramáticos y éticos o históricos se ven
eclipsados en aras de las leyes del género o del consenso con el espectador más
complaciente.
Desde esta consideración, suelen ser frecuentes las
transformaciones en las clausuras de los relatos, pues se evitan o se mitigan
los finales trágicos en beneficio de recurrentes y comerciales happy ends. Por
señalar un caso concreto, una novela de talante político ("To have and
have not" de Ernest Hemingway) se transforma en un filme de aventuras y de
historia romántica ("Tener o no tener).